La bolsa federal puede atender escuelas sin servicios, siempre que haya metas públicas, seguimiento y rendición de cuentas.
La asignación extraordinaria de 800 millones de pesos al sistema educativo de Oaxaca abre una oportunidad concreta para atender rezagos históricos que afectan el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.
El anuncio ocurre después de semanas de tensión con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. La presidenta Claudia Sheinbaum negó que los recursos se entreguen al sindicato y sostuvo que se destinarán a necesidades del sistema educativo estatal. La Secretaría de Educación Pública, encabezada por Mario Delgado, también ubicó el monto dentro de los apoyos educativos para Oaxaca.
Para Mexicanos Primero, la discusión de fondo debe concentrarse en el derecho a aprender. La organización advierte que una bolsa de este tamaño sólo tendrá impacto si se aplica con planeación, metas verificables, transparencia y rendición de cuentas.
Rezagos que siguen pesando
Oaxaca enfrenta condiciones sociales y territoriales que complican la atención educativa. Tiene más de 4.1 millones de habitantes, 570 municipios y una población ampliamente dispersa en comunidades rurales. Además, una proporción alta de sus habitantes se identifica como indígena o habla alguna lengua originaria.
Ese contexto se refleja en los indicadores escolares. La entidad registra 8.5 años de escolaridad promedio, equivalente a segundo de secundaria, por debajo del promedio nacional de 9.7 años. También mantiene una de las tasas de analfabetismo más altas del país: 11.2% de la población de 15 años y más no sabe leer ni escribir.
La magnitud del sistema aumenta el reto. De acuerdo con Mexicanos Primero, Oaxaca cuenta con 809,297 estudiantes de educación básica pública, 13,141 escuelas, 56,016 docentes y más de 179,000 estudiantes en modalidades indígenas de preescolar y primaria.
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Escuelas sin condiciones básicas
El rezago más visible está en la infraestructura. Mexicanos Primero señala que sólo 20.3% de los preescolares públicos de Oaxaca cuentan con servicios básicos completos. En primaria la proporción llega a 28.8% y en secundaria a 33.3%.
En escuelas indígenas la situación es más crítica: 26.7% de los preescolares y 22.9% de las primarias tienen servicios básicos completos. Esto incluye condiciones mínimas como agua, electricidad, sanitarios funcionales y espacios para lavado de manos.
La accesibilidad también muestra una deuda profunda. Sólo 0.65% de los preescolares públicos, 2.5% de las primarias y 3.4% de las secundarias cuentan con infraestructura adaptada para estudiantes con discapacidad. En planteles indígenas, la proporción baja a 0.38% en preescolar y 1.25% en primaria.
Conectividad casi inexistente
La brecha digital limita el aprendizaje y reduce las posibilidades de innovación pedagógica. Según la información de Mexicanos Primero, sólo 1.1% de las escuelas públicas de educación básica en Oaxaca tienen conectividad.
En primaria la cifra llega a 3.3% y en secundaria a 10.8%. En modalidades indígenas, apenas 0.44% de los preescolares y 1.98% de las primarias cuentan con internet.
La falta de conectividad no sólo impide el uso de herramientas digitales. También restringe capacitación docente, acceso a materiales, gestión escolar y recuperación de aprendizajes tras interrupciones por paros o suspensiones de clases.
Qué podría cambiar con los recursos
Mexicanos Primero estima que 800 millones de pesos podrían llevar servicios básicos a alrededor de 3,100 escuelas, con un costo promedio de 252,000 pesos por plantel para atender carencias de agua, electricidad, lavamanos y sanitarios.
La misma bolsa podría financiar el mantenimiento anual de cerca de 3,500 planteles. Otra ruta permitiría adaptar más de 21,000 escuelas para personas con discapacidad, mediante rampas y barandales, con un costo promedio estimado de 36,800 pesos por plantel.
En materia digital, el monto podría cubrir cerca de 84% del costo anual de internet para escuelas públicas sin conectividad pedagógica o adquirir 160,000 computadoras o tabletas de uso educativo.
La organización también plantea otras prioridades: rehabilitar escuelas deterioradas, fortalecer planteles multigrado e indígenas, cubrir vacantes docentes y directivas en zonas de difícil acceso, y financiar estrategias de recuperación de aprendizajes.
Planeación o oportunidad perdida
El monto no resolverá por sí solo el rezago educativo de Oaxaca. Su impacto dependerá de cómo se asignen los recursos, qué escuelas reciban atención, qué metas se publiquen y cómo se mida el avance.
La exigencia central es que el dinero llegue a donde más falta hace: escuelas rurales, indígenas, multigrado y con carencias severas. Sin reglas claras, el riesgo es repetir una historia conocida: anuncios relevantes que no modifican la experiencia diaria de estudiantes y docentes.
Oaxaca necesita inversión educativa. Pero también necesita vigilancia pública, información abierta y resultados verificables. De lo contrario, los 800 millones de pesos podrían quedar como otra promesa frente a aulas que siguen sin agua, conectividad, accesibilidad o mantenimiento básico.
