Enrique Serna vuelve a la ficción histórica con Nezahualcóyotl y Tlacaélel en una disputa donde política, deseo, guerra y culto se entrelazan.
El dios hambriento, la nueva novela de Enrique Serna, lleva al lector al Anáhuac de 1430, cuando la derrota de Azcapotzalco había alterado el equilibrio político del centro de México. Publicada por Alfaguara el 14 de julio de 2026, la obra coloca frente a frente a Nezahualcóyotl y Tlacaélel para explorar cómo la religión, la guerra y la construcción de enemigos pueden convertirse en instrumentos de poder. La edición registra 632 páginas.
El escenario elegido por Serna parte de un momento histórico decisivo. En 1428, Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan derrotaron al poder tepaneca de Azcapotzalco y dieron origen a la llamada Triple Alianza, estructura que transformaría a Tenochtitlan en la principal potencia de Mesoamérica. La Universidad Nacional Autónoma de México sitúa precisamente en ese conflicto el comienzo de una nueva correlación de fuerzas en el valle de Anáhuac.
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El dios hambriento y un imperio
A partir de ese marco, El dios hambriento construye su conflicto central. Nezahualcóyotl, heredero de Tetzcoco y aliado de los mexicas, quiere recuperar su reino. Tlacaélel, cercano a Itzcóatl, entiende el poder desde otra lógica: las victorias militares necesitan una legitimación religiosa capaz de convertir la expansión territorial en una empresa superior a los intereses de los gobernantes.
La oposición tajante entre ambos pertenece a la arquitectura narrativa de la novela. Serna presenta a Tlacaélel como representante de una teocracia militarista y a Nezahualcóyotl como figura vinculada con una concepción civilizadora asociada a Quetzalcóatl. Su enfrentamiento se extiende de los campos de batalla a las intrigas cortesanas y las relaciones personales.
Detrás de esa ficción existe un contexto religioso documentado. Huitzilopochtli ocupó un lugar central en el culto mexica y estuvo estrechamente relacionado con la guerra. Fuentes estudiadas por la UNAM describen ceremonias en las que cautivos eran sacrificados en su honor y explican la concepción ritual según la cual la sangre y los corazones contribuían a sostener el movimiento del Sol y el orden cósmico.
El dios hambriento, de Enrique Serna, enfrenta a Nezahualcóyotl y Tlacaélel en una novela sobre poder, religión, guerra y deseo en el Anáhuac.
Serna toma esa cosmovisión y la convierte también en un problema político: si alimentar a la divinidad requiere nuevas víctimas, la necesidad religiosa puede coincidir con la conveniencia de mantener la guerra.
Nezahualcóyotl contra Tlacaélel
La fuerza del planteamiento no está en presentar simplemente a un gobernante pacífico frente a un hombre sanguinario. El dios hambriento utiliza a los dos personajes para confrontar formas distintas de imaginar el ejercicio del poder.
En la novela, Tlacaélel comprende la importancia de los símbolos, el miedo y las creencias colectivas. El dominio territorial resulta insuficiente si el vencedor no consigue también explicar por qué tiene derecho a gobernar.
Nezahualcóyotl, por el contrario, aparece asociado con la reconstrucción de Tetzcoco, la prosperidad y un proyecto político menos dependiente del expansionismo religioso. Esa contraposición permite a Serna trasladar la disputa desde la historia militar hacia un terreno mucho más reconocible para el lector contemporáneo: quién controla el relato con el que una sociedad interpreta sus guerras.
Conviene distinguir aquí historia y literatura. La existencia de la Triple Alianza, la guerra contra Azcapotzalco y los principales personajes pertenecen al registro histórico; sus conversaciones privadas, motivaciones íntimas y buena parte de los conflictos personales son materia de ficción. La propia historiografía sobre el siglo XV nahua procede de fuentes con versiones diferentes sobre algunos acontecimientos. El Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM destaca precisamente esa pluralidad al estudiar los testimonios de Hernando de Alvarado Tezozómoc, Chimalpahin y Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.
Mujeres fuera del relato oficial
Serna introduce además a Chimalma y Quilaztli, quienes desplazan por momentos el centro de la historia lejos de gobernantes, sacerdotes y guerreros.
En la ficción, ambas intentan construir un espacio propio dentro de una sociedad donde las decisiones políticas y familiares recaen principalmente en los hombres. Su relación permite abordar el deseo, el control sobre el cuerpo y las restricciones impuestas a las mujeres sin separar esos conflictos privados de las luchas que ocurren en los palacios.
La editorial presenta ese componente como una de las dos vertientes de la obra: novela política e intimista al mismo tiempo. De esta manera, las conquistas y las ceremonias religiosas comparten espacio con celos, rivalidades, relaciones sexuales, ambiciones familiares y necesidades de reconocimiento.
Serna regresa a novela histórica
Para Enrique Serna, nacido en la Ciudad de México en 1959, el uso de personajes históricos no es nuevo. Entre sus novelas se encuentran El seductor de la patria, centrada en Antonio López de Santa Anna; Ángeles del abismo, situada en la Nueva España del siglo XVII, y El vendedor del silencio, alrededor del periodista Carlos Denegri.
Ese trabajo fue reconocido en 2025 por la Universidad de Guanajuato, que le otorgó el VIII Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura, edición dedicada precisamente a la novela histórica. El jurado destacó su perspectiva crítica, el humor y su exploración de personajes y escenarios históricos.
Al recibir el reconocimiento, el escritor explicó que sus novelas históricas han estado entre los trabajos que mayor investigación le han exigido porque lo obligan a trasladarse literariamente a mundos desconocidos.
Con El dios hambriento, Serna retrocede más que en esas obras anteriores y se instala en el siglo XV, cuando la alianza que derrotó a Azcapotzalco comenzaba a convertirse en una estructura imperial. El resultado plantea una pregunta que trasciende aquel momento: qué ocurre cuando una sociedad deja de ver la violencia únicamente como instrumento político y comienza a considerarla una obligación sagrada.
Preguntas frecuentes sobre El dios hambriento
¿De qué trata El dios hambriento?
La novela de Enrique Serna comienza en el Anáhuac de 1430 y enfrenta a Nezahualcóyotl y Tlacaélel en una disputa política, religiosa y personal durante el surgimiento de la Triple Alianza.
¿El dios hambriento está basado en hechos reales?
Utiliza personajes y acontecimientos históricos, como Nezahualcóyotl, Tlacaélel, Itzcóatl, la derrota de Azcapotzalco y la formación de la Triple Alianza. Las conversaciones, relaciones íntimas y numerosos conflictos personales corresponden a la construcción literaria.
¿Cuándo se publicó El dios hambriento?
Alfaguara publicó la novela en 2026. Las fichas comerciales de la edición registran como fecha de lanzamiento el 14 de julio de 2026.
¿Cuántas páginas tiene El dios hambriento?
La edición registrada por Alfaguara tiene 632 páginas.
¿Quién es Enrique Serna?
Es un narrador y ensayista mexicano nacido en 1959, autor de novelas como El seductor de la patria, Ángeles del abismo y El vendedor del silencio. En 2025 recibió el VIII Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura de la Universidad de Guanajuato.
