México estrena una Ley General de Economía Circular que redefine el papel del plástico, impulsa innovación, certidumbre regulatoria y nuevas oportunidades económicas.
Nuevo marco para un viejo problema
México dio un paso clave al contar, por primera vez, con una Ley General de Economía Circular que reconoce al plástico no sólo como residuo, sino como un material con valor económico y productivo. El cambio de enfoque busca dejar atrás la lógica de “usar y tirar” y avanzar hacia un modelo que prioriza el aprovechamiento responsable de los materiales.
La nueva legislación plantea un viraje de fondo: la gestión de residuos ya no se limita al final del ciclo, sino que comienza desde el diseño, la producción y el consumo, con reglas claras para todos los actores involucrados.
De residuo a recurso estratégico
Para la industria del plástico, la ley representa un punto de inflexión. El material deja de verse exclusivamente como un problema ambiental y se incorpora a una lógica de ciclos productivos, donde puede reutilizarse, reciclarse y reincorporarse a nuevos procesos.
La Organización en Favor de la Economía Circular (OFEC) subraya que este marco legal abre la puerta a una transformación profunda del sector, al promover una gestión más eficiente de los materiales, incentivar la innovación tecnológica y reforzar la corresponsabilidad a lo largo de toda la cadena de valor.
Innovación, inversión y reglas claras
Uno de los ejes centrales de la ley es el impulso a la innovación tecnológica. El nuevo marco fomenta el ecodiseño, el desarrollo de materiales más sostenibles, procesos de reciclaje más eficientes y soluciones que permitan reincorporar el plástico a la economía formal.
Además, la legislación aporta certidumbre regulatoria. Al establecer reglas comunes y obligaciones claras, las empresas pueden planear inversiones de largo plazo, reducir riesgos y fortalecer su competitividad en un entorno cada vez más exigente en materia ambiental.
Este entorno también abre oportunidades para atraer inversión, particularmente en tecnologías de reciclaje, valorización de residuos y nuevos modelos de negocio asociados a la economía circular.
Empleo y desarrollo regional
La correcta implementación de la Ley General de Economía Circular tiene el potencial de generar nuevas oportunidades económicas y de empleo, especialmente en actividades vinculadas al reciclaje, la valorización de residuos, la economía social y las cadenas de suministro circulares.
Estos cambios podrían fortalecer economías regionales, formalizar actividades que hoy operan de manera precaria y ampliar la participación de pequeños y medianos actores dentro de un esquema más ordenado y transparente.
Corresponsabilidad como eje del modelo
La ley pone el acento en la corresponsabilidad. El éxito de la economía circular dependerá de la colaboración efectiva entre industria, autoridades, recicladores y consumidores, desde el diseño de los productos hasta su recolección y reciclaje.
“La economía circular no busca eliminar materiales, sino maximizar su valor y uso responsable. El plástico, bien gestionado, es un aliado para la sostenibilidad y el desarrollo económico del país”, afirmó Jorge Chahín, presidente de OFEC.
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El reto: pasar del papel a la realidad
Aunque el marco legal sienta bases sólidas, el verdadero desafío será su implementación. Convertir los principios de la ley en acciones concretas, medibles y verificables marcará la diferencia entre un cambio estructural y un avance solo discursivo.
En ese camino, la OFEC reiteró su compromiso de acompañar a la industria del plástico mediante asesoría técnica, generación de conocimiento y promoción de buenas prácticas, con el objetivo de traducir la ley en resultados tangibles.
