Cuando la pensión del Bienestar paga medicinas

Adulta mayor y mujer de 60 a 64 años pagan medicamentos en una farmacia, reflejando cómo el gasto en salud presiona los apoyos del Bienestar.

Adultos mayores y mujeres reciben apoyos directos, pero consultas, fármacos y estudios pueden absorber una parte de ese ingreso.

La pensión entra; la farmacia cobra

La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores y Pensión Mujeres Bienestar buscan fortalecer el ingreso de dos grupos especialmente expuestos a la fragilidad económica: las personas de 65 años o más y las mujeres de 60 a 64. En 2026, el apoyo para adultos mayores equivale a $6,400 bimestrales y el de mujeres a $3,100 cada dos meses. Ese dinero llega, sin embargo, a hogares donde la salud sigue exigiendo desembolsos constantes, sobre todo cuando faltan medicamentos, se retrasan consultas o los estudios deben pagarse fuera del sistema público.

La Secretaría de Bienestar informó en enero que 13,434,866 adultos mayores y 2,982,222 mujeres recibirían esos apoyos durante 2026. No existe una estadística pública que permita seguir cada peso depositado en la tarjeta del Bienestar hasta la farmacia o el consultorio, pero los datos sobre gasto médico muestran la presión que enfrentan esos hogares.

Los medicamentos siguen pesando más

La Cuenta Satélite del Sector Salud de México reportó que, en 2024, los hogares destinaron 45.4% de su gasto directo en salud a medicamentos y otros bienes, por encima de consultas médicas, servicios hospitalarios y laboratorios. Cuando una familia debe pagar atención de su bolsillo, una parte importante del dinero termina en surtir recetas.

El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), con base en la ENIGH 2024, calculó que el gasto de bolsillo en salud subió 7.9% real entre 2022 y 2024 y alcanzó un promedio anual de $6,421 por hogar. Entre los hogares de menores ingresos, el incremento fue de entre 17% y 23%, y la compra de medicamentos representó cerca de la mitad del gasto.

Así las pensiones destinadas a mejorar el ingreso suelen terminar cubriendo medicinas, consultas o estudios cuando el sistema público no resuelve la necesidad en el momento.

Adultos mayores y mujeres: ingreso directo, presión compartida

Las reglas de operación de la Pensión para Adultos Mayores establecen que el apoyo es universal para quienes tienen 65 años o más y precisan que no habrá seguimiento posterior al destino del dinero una vez transferido.

La autoridad deposita la pensión, pero no genera un registro público que permita saber cuánto se utiliza en alimentos, transporte, renta o medicamentos. En la práctica, el apoyo entra al presupuesto del hogar y se usa de acuerdo con las necesidades de cada familia.

Con Pensión Mujeres Bienestar ocurre algo semejante. El programa está dirigido a mujeres de 60 a 64 años, entrega $3,100 bimestrales y busca fortalecer su independencia económica. Una enfermedad puede modificar las prioridades del gasto en cuestión de días, y una consulta privada, estudios de laboratorio o la compra de un tratamiento completo pueden llevarse una parte relevante del apoyo.

Tener cobertura no siempre evita pagar

El gasto médico no afecta sólo a quienes carecen de afiliación institucional. El CIEP encontró que 63% de la población reporta afiliación a una institución pública, pero seis de cada diez personas que reciben atención acuden a farmacias o consultorios privados.

La cobertura, por sí sola, no garantiza atención oportuna. Cuando una consulta tarda, un medicamento no está disponible o un estudio debe realizarse fuera de la institución, el bolsillo familiar cubre la diferencia.

En hogares donde vive una persona adulta mayor o una mujer de 60 a 64 años que recibe un apoyo del Bienestar, parte de ese depósito puede usarse para pagar una receta, una consulta o un análisis.

Pagar en el momento también pesa

Madre y estudiante pagan medicamentos en una farmacia ante el gasto de salud que presiona los apoyos familiares.

La falta de liquidez aparece incluso entre personas que cuentan con seguro privado. Alguien puede tener cobertura y aun así necesitar dinero para pagar una receta completa y esperar después un reembolso.

La healthtech mexicana Sofía puso en marcha en abril de 2026 el programa “Pago en sucursal”, mediante el cual sus asegurados pueden obtener determinados medicamentos y estudios de laboratorio pagando únicamente el coaseguro que les corresponde, mientras la empresa cubre directamente el resto al proveedor.

“Uno de los principales puntos de fricción en salud ocurre después de la consulta. Tener una receta no necesariamente significa que el paciente tenga liquidez inmediata para pagar el tratamiento completo y esperar después un reembolso”, señaló Arturo Sánchez, CEO de Sofía.

Para medicamentos, el programa opera en Farmacias Benavides y Farmatodo. En estudios de laboratorio utiliza a Examedi, que ofrece servicios a domicilio en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. El esquema tradicional de reembolso se mantiene para compras realizadas fuera de las cadenas participantes.

El modelo está pensado para personas aseguradas y no sustituye la atención pública, pero pone sobre la mesa un problema que también enfrentan quienes dependen de ella: cuando llega una receta, una consulta o un estudio, el gasto no puede esperar.

El apoyo llega, pero no rinde igual

La Pensión del Bienestar y el gasto en medicamentos se cruzan dentro del presupuesto familiar. No existe una medición oficial que diga cuánto del apoyo termina en una farmacia, pero los datos muestran que los medicamentos representan una de las principales cargas del gasto de salud de los hogares, sobre todo entre quienes tienen menores ingresos.

El alcance de la pensión no depende únicamente del monto depositado cada dos meses. También depende de cuánto de ese dinero tenga que destinarse después a una consulta, una receta o estudios fuera del sistema público.

Mientras esa presión continúe, una parte del apoyo destinado a mejorar el bienestar de adultos mayores y mujeres seguirá terminando en médicos, laboratorios y farmacias.