Un estudio publicado en Nature Communications documenta 2.5 millones de habitantes menos en áreas centrales y distancias 28% mayores desde 1990.
Las ciudades mexicanas crecen hacia la periferia mientras pierden habitantes en zonas que ya cuentan con infraestructura, servicios, equipamiento y conectividad. La tendencia aparece en una investigación desarrollada por especialistas del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey y presentada ahora al público mediante la plataforma Centrar el Futuro.
El fenómeno ocurre a pesar de que la población urbana del país aumentó con fuerza durante las últimas tres décadas. Entre 1990 y 2020, los centros de las áreas metropolitanas estudiadas perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes y la distancia promedio de la población respecto del centro aumentó 28%.
La investigación plantea así una aparente contradicción: las ciudades tienen más habitantes y ocupan más territorio, pero una parte de la población se aleja precisamente de las zonas donde durante décadas se concentraron empleos, hospitales, escuelas, transporte y otras inversiones públicas.
Los centros pierden habitantes
El artículo científico Scaling and Population Loss in Mexican Urban Centres, publicado el 25 de julio de 2026 en Nature Communications, analizó información censal de 1990, 2000, 2010 y 2020. Los investigadores encontraron un desplazamiento sistemático de la población desde áreas centrales hacia zonas intermedias y periféricas.
El cambio resulta considerable. En 1990, más de 40% de la población analizada vivía en las zonas centrales. Para 2020, la proporción había descendido a alrededor de 22%. Además, 89% del crecimiento poblacional registrado se concentró en áreas alejadas o periféricas, según la explicación de los investigadores difundida por TecScience.
Las ciudades mexicanas pierden habitantes en sus centros y se expanden hacia la periferia. Un estudio mide el fenómeno y sus costos urbanos.
José Antonio Torre, director del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, sintetizó el hallazgo al señalar que no se trata de casos aislados, sino de un patrón que se repite en ciudades con dimensiones y ritmos de crecimiento diferentes.
El caso de la Ciudad de México permite dimensionar la paradoja. El material presentado por el Tec señala que entre 2000 y 2020 su población aumentó casi 3 millones de habitantes, aunque 26% del área urbana perdió población durante ese periodo.
Cómo midieron la expansión urbana
El trabajo no se limita a comparar cuántas personas viven en cada municipio. Los investigadores construyeron una base espacial con los censos del INEGI y analizaron la distribución de la población dentro de las áreas metropolitanas.
El equipo dividió las ciudades en celdas de aproximadamente 470 por 470 metros y tomó como referencia el centro histórico de fundación. Después midió la distancia entre ese punto y la distribución de los habitantes. Para hacer comparables ciudades de tamaños muy distintos, normalizó matemáticamente sus poblaciones y desarrolló un indicador denominado urban expansion factor.
El resultado permite distinguir entre una ciudad que simplemente aumenta su población y otra cuya población, además de crecer, se distribuye cada vez más lejos del centro.
Una precisión: 70 ciudades y 69 metrópolis
Existe una diferencia entre los materiales divulgativos y el artículo científico que conviene transparentar.
El boletín de lanzamiento de Centrar el Futuro señala que la plataforma aborda 70 ciudades mexicanas. Sin embargo, el artículo publicado en Nature Communications especifica que el análisis científico comprende 69 áreas metropolitanas, cifra que también utiliza TecScience al explicar la metodología del trabajo.
Los documentos consultados no explican públicamente la razón de esta diferencia, por lo que no conviene presentar ambos universos como si fueran exactamente iguales.
También hay una actualización relevante respecto del boletín: el documento de prensa señala que el trabajo había sido aceptado por Nature Communications, pero la revista ya lo muestra como publicado desde el 25 de julio de 2026, con DOI permanente. La versión disponible es una publicación temprana de investigación aceptada y todavía puede recibir modificaciones editoriales antes de convertirse en la versión definitiva.
Vivienda accesible empuja el debate
El artículo científico documenta el fenómeno, pero sus autores y otros especialistas han planteado posibles explicaciones que involucran vivienda, regulación, mercado del suelo y políticas públicas.
Una de ellas es la dificultad para encontrar vivienda asequible en zonas centrales. Cuando vivir cerca de las oportunidades se vuelve demasiado caro, una parte de la población busca suelo y vivienda en áreas donde los precios resultan menores, aunque eso implique recorridos más largos.
Roberto Ponce, director de investigación del Centro para el Futuro de las Ciudades y líder del proyecto, ha señalado que el problema exige revisar la manera en que se planean las ciudades. Los investigadores también relacionan la expansión con décadas de producción habitacional en terrenos periféricos, el crecimiento del uso del automóvil y la ausencia de políticas suficientes para conservar o recuperar población en zonas consolidadas.
La discusión coincide con un problema que especialistas en vivienda han advertido durante años: una casa puede ser más barata lejos del centro, pero parte del ahorro inicial puede convertirse después en gastos de transporte, horas de traslado y dificultades para acceder a servicios.
Construir lejos también cuesta
La expansión urbana tampoco termina en el precio de la vivienda. Cada nuevo desarrollo necesita calles, agua, drenaje, electricidad, transporte, escuelas, seguridad y mantenimiento.
Cuando la población abandona áreas que ya disponen de buena parte de esa infraestructura y se instala en nuevos territorios, las ciudades deben ampliar redes y servicios en lugar de aprovechar plenamente los existentes.
Durante la presentación de Centrar el Futuro, José Iracheta, subsecretario de Ordenamiento Territorial, Urbano y Vivienda de la Sedatu, planteó que existe una tensión entre los costos y regulaciones para desarrollar vivienda dentro de zonas consolidadas y la aparente facilidad inicial para urbanizar la periferia.
El debate reunió también a Diane Davis, de Harvard; Claudia Masferrer, de El Colegio de México, y Emmanuel León, de la Secretaría de Planeación, Ordenamiento Territorial y Coordinación Metropolitana de la Ciudad de México. Sus intervenciones incorporaron variables como cambios demográficos, redes familiares, valor del suelo y problemas de gobernanza metropolitana.
El problema, por tanto, no admite una causa única ni una solución idéntica para todas las ciudades.
Una plataforma para comparar ciudades
Para trasladar la investigación fuera del ámbito académico, el Tecnológico de Monterrey desarrolló Centrar el Futuro, una plataforma pública que presenta mapas, datos e infografías sobre crecimiento, pérdida de población central, expansión y dispersión urbana.
La herramienta está pensada para autoridades, especialistas, organizaciones, medios y ciudadanos interesados en comparar lo ocurrido en distintas ciudades y discutir alternativas de desarrollo.
El proyecto denomina “Ciudades Centradas” a un modelo en el que vivienda, empleo, servicios y oportunidades se encuentren más próximos. Eso no necesariamente significa concentrar todo en un único centro histórico: en las grandes metrópolis puede implicar fortalecer varias centralidades bien conectadas entre sí.
Volver a aprovechar la ciudad existente
La evidencia tampoco significa que toda expansión urbana resulte negativa ni que la solución consista simplemente en construir más edificios en los centros.
Densificar sin capacidad de agua, transporte, escuelas, espacio público o servicios también puede generar nuevos problemas. El reto consiste en coordinar vivienda, usos de suelo, movilidad, infraestructura y desarrollo económico para aprovechar mejor las zonas consolidadas sin desplazar a quienes ya viven en ellas. Los propios investigadores mencionan entre los instrumentos posibles la regulación del suelo, incentivos fiscales, infraestructura y regeneración de inmuebles existentes.
El diagnóstico de Centrar el Futuro pone números a una experiencia cotidiana para millones de personas: encontrar vivienda puede significar alejarse cada vez más del empleo, la escuela, los servicios y otras oportunidades.
Si las ciudades mexicanas crecen hacia la periferia mientras dejan capacidad instalada sin aprovechar en sus áreas centrales, no habría que preguntarse cuántas viviendas construir, sino dónde conviene construirlas y qué tipo de ciudad quiere México para las próximas décadas.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Centrar el Futuro?
Es una plataforma pública desarrollada por el Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey para consultar y comparar información sobre expansión urbana, despoblamiento de zonas centrales y crecimiento de ciudades mexicanas.
¿Cuántos habitantes perdieron los centros urbanos?
El artículo científico publicado en Nature Communications calcula una pérdida aproximada de 2.5 millones de habitantes en las zonas centrales de las áreas metropolitanas analizadas entre 1990 y 2020.
¿Por qué se mencionan 70 ciudades y 69 áreas metropolitanas?
El boletín y la plataforma de divulgación hablan de 70 ciudades, mientras el artículo científico publicado en Nature Communications analiza 69 áreas metropolitanas. Los documentos públicos consultados no explican la diferencia entre ambos universos.
¿Qué significa que la distancia al centro aumentó 28%?
Significa que la distribución de la población se desplazó hacia zonas más alejadas. El estudio calcula que la distancia promedio al centro es 28% mayor que en un escenario donde se hubiera conservado la densidad urbana.
¿Qué propone una Ciudad Centrada?
Busca acercar vivienda, empleo, servicios y oportunidades, aprovechar mejor la infraestructura existente y fortalecer uno o varios centros urbanos conectados, según las características de cada ciudad.
