Amputación: recuperar la movilidad no basta

Mujer con prótesis en una pierna conversa con una psicóloga durante una sesión de acompañamiento emocional después de una amputación.

Una revisión de 61 estudios encontró una prevalencia de depresión de 33.85% entre personas amputadas. El apoyo emocional puede cambiar su recuperación.

La amputación de una extremidad cambia mucho más que la movilidad. Puede alterar la manera en que una persona se reconoce frente al espejo, se relaciona con los demás, trabaja y piensa en su futuro. Para quienes pierden una parte del cuerpo a causa de un accidente o una enfermedad, la recuperación también puede implicar enfrentar miedo, ansiedad, tristeza y una profunda incertidumbre.

Yaotzaneth Tonalli Díaz de León, atleta y embajadora de Ottobock México, conoce ese proceso. Un autobús la atropelló y, tras varias intervenciones y las secuelas del accidente, perdió un pie. Durante su recuperación recibió atención psicológica y psiquiátrica para afrontar los cambios que atravesaba.

“Al principio mi mente no lograba asimilar todo lo que me estaba aconteciendo y la pérdida de una parte de mi cuerpo. Fue un proceso muy difícil y sentía mucho miedo, enojo, frustración e impotencia ante la incertidumbre de qué iba a suceder. Me preguntaba la típica frase de ¿por qué a mí?”, recuerda.

Durante un año recibió acompañamiento psiquiátrico. En ese periodo enfrentó insomnio, ansiedad, depresión y preocupación por su futuro. La atención profesional le permitió trabajar con emociones que inicialmente le resultaban difíciles de comprender y manejar.

“El miedo al qué dirán, cómo me ve la sociedad, cómo va a ser mi futuro y esto lleva consigo frustración y tristeza. Pero con apoyo y trabajo personal entendí que una parte de mi cuerpo no significa quién soy yo”, relata.

Su experiencia permite conocer una dimensión de la amputación que puede quedar relegada frente a las cirugías, las prótesis y los ejercicios de rehabilitación: la salud mental de quienes deben aprender a vivir con cambios permanentes en su cuerpo.

El duelo después de una amputación

La pérdida de una extremidad puede provocar un proceso de duelo relacionado con el cuerpo, la autonomía y las actividades que antes formaban parte de la vida cotidiana. Algunas personas necesitan modificar su forma de desplazarse, aprender nuevas habilidades, cambiar de trabajo o depender temporalmente de familiares para realizar tareas habituales.

Patricia Ana Nicolls del Ángel, psicoterapeuta y tanatóloga, explica que una amputación puede constituir una experiencia traumática por el estrés físico y emocional que produce y por las pérdidas que la acompañan. Por ello, considera necesario ofrecer atención multidisciplinaria que incluya a los familiares cercanos.

El neuropsicólogo Mario Enrique Reyes Vázquez describe reacciones como negación, ira, miedo, incertidumbre y sentimientos de culpa. La persona puede preguntarse por qué ocurrió la amputación, qué sucederá con su trabajo y cómo reorganizará su vida.

Estas respuestas no siguen necesariamente una secuencia. El duelo puede cambiar con el tiempo, y una persona puede aceptar determinados aspectos de su nueva condición mientras continúa enfrentando dificultades emocionales en otros. Tampoco existe un plazo universal para superar las pérdidas asociadas con una amputación.

Sentir tristeza después de perder una extremidad no equivale automáticamente a padecer depresión clínica. Cuando el desánimo persiste, se pierde el interés por las actividades habituales o aparecen alteraciones importantes del sueño, la alimentación y el funcionamiento cotidiano, es necesario solicitar una valoración profesional.

Las circunstancias individuales también influyen en la recuperación. No enfrenta las mismas dificultades una persona que perdió una extremidad después de un accidente repentino que alguien cuya amputación ocurrió tras años de enfermedad. La edad, la situación económica, el apoyo familiar y el acceso a servicios médicos pueden modificar profundamente la experiencia.

Recuperar la autonomía y la confianza

Para Yaotzaneth, uno de los momentos más difíciles llegó cuando comenzó a enfrentarse nuevamente a la mirada de otras personas. Su cicatriz atraía la atención y eso aumentaba la preocupación por su apariencia.

“Me enfrenté al qué dirán, aunque mucho era cómo me veía yo, ya que las personas se quedaban viendo mi cicatriz”, explica.

El proceso de adaptación a una prótesis también le generó incertidumbre. Aprender a utilizarla representaba nuevos desafíos físicos y emocionales, aunque gradualmente comenzó a relacionarla con la posibilidad de recuperar actividades y decidir por sí misma.

“El uso de la prótesis me generó incertidumbre, pero al mismo tiempo sentimientos de libertad y expectativa de tener una vida. Significó volver a sentirme completamente yo”, asegura.

La rehabilitación protésica puede favorecer la movilidad y la independencia, aunque sus resultados dependen del nivel de amputación, las condiciones de salud, el acceso a dispositivos adecuados y el acompañamiento especializado. No todas las personas pueden o desean utilizar una prótesis, y la autonomía también puede recuperarse mediante otras formas de movilidad y adaptación.

En el caso de Yaotzaneth, el deporte se convirtió en otra herramienta para fortalecer su confianza, relacionarse con otras personas y construir una nueva rutina. La actividad física adaptada puede contribuir al bienestar emocional, siempre que responda a las posibilidades y condiciones médicas de cada persona.

Superar la depresión

Una revisión sistemática y metaanálisis publicados en junio de 2024 en la revista científica Journal of Psychosomatic Research encontraron una prevalencia conjunta de 33.85% de depresión entre personas que habían perdido alguna extremidad. El resultado equivale aproximadamente a una de cada tres personas estudiadas.

La investigación, encabezada por Swarndeep Singh, reunió 61 estudios con 9,852 participantes. La estimación presentó diferencias considerables entre las poblaciones analizadas: en los países de ingresos medios, la prevalencia conjunta fue de 45.31%, frente a 28.31% en los países de ingresos altos. Estos porcentajes corresponden a investigaciones internacionales y no constituyen una medición de la población mexicana.

El análisis también identificó una mayor presencia de síntomas depresivos entre quienes experimentaban restricciones importantes en sus actividades, dificultades para aceptar los cambios en su imagen corporal, incomodidad en las relaciones sociales o temor a depender de otras personas. En cambio, disponer de apoyo social y desarrollar estrategias activas para afrontar los problemas se relacionó con menores niveles de sintomatología depresiva.

Bety Coppola, psicóloga clínica y tanatóloga, explica que las consecuencias emocionales de una amputación pueden afectar profundamente la autoestima.

“Una amputación no solo es un cambio físico, sino que sacude la forma en la que el amputado o amputada se ve a sí mismo y percibe su lugar en el mundo”, señala.

En México también se han estudiado estas consecuencias. Una investigación publicada en 2018 en International Journal of Rehabilitation Research evaluó a 40 pacientes mexicanos con amputaciones y encontró síntomas de depresión en 92.5% de ellos, así como antecedentes de intento de suicidio en 27.5%. El estudio registró, además, una relación entre mayores niveles de depresión y menor independencia funcional. La muestra fue pequeña y estuvo integrada mayoritariamente por hombres, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a toda la población del país.

A las dificultades emocionales pueden sumarse el dolor persistente, la pérdida de ingresos, los cambios laborales y los gastos relacionados con la rehabilitación. Entre las afecciones que requieren atención se encuentra el dolor de miembro fantasma, una sensación dolorosa que la persona percibe en la extremidad amputada y que puede alterar su descanso y sus actividades cotidianas.

Coppola utiliza herramientas de terapia cognitivo-conductual para ayudar a sus pacientes a reconocer pensamientos y emociones que dificultan su adaptación. También trabaja con enfoques orientados a recuperar el sentido de vida y construir nuevos proyectos personales.

La revisión internacional de 2024 recomienda evaluar periódicamente la salud mental de las personas amputadas y facilitar su acceso a atención especializada cuando sea necesario. Identificar los síntomas depresivos permite ofrecer tratamiento psicológico o psiquiátrico y atender dificultades que podrían interferir con la rehabilitación física.

La familia también necesita aprender

La amputación modifica con frecuencia la dinámica familiar. Pueden surgir nuevas responsabilidades de cuidado, gastos médicos, cambios de horarios y preocupaciones sobre el futuro económico. Mientras la persona amputada intenta recuperar su autonomía, sus familiares deben adaptarse a nuevas necesidades sin perder de vista sus propias emociones.

Para Patricia Ana Nicolls, el acompañamiento debe considerar tanto a la persona amputada como a su entorno cercano. Los familiares también pueden experimentar miedo, tristeza y dificultades para adaptarse a las nuevas circunstancias.

Sin embargo, ayudar no significa decidir todo por la persona. La sobreprotección puede limitar oportunidades para recuperar confianza, participar en actividades y tomar decisiones sobre su propia vida. Acciones que parecen protectoras, como impedir que alguien intente desplazarse por sí mismo o resolver tareas que puede aprender a realizar, pueden generar dependencia innecesaria.

Bety Coppola recomienda escuchar sin minimizar las emociones y evitar imponer expectativas sobre la rapidez de la recuperación. También considera útil preguntar qué actividades, relaciones y objetivos siguen siendo significativos para quien ha sufrido la amputación.

En las sesiones terapéuticas, la especialista trabaja con estrategias para identificar pensamientos que afectan la autoestima y favorecer la adaptación. También utiliza la logoterapia, un enfoque que busca ayudar a las personas a encontrar sentido y propósito en sus experiencias y decisiones.

Yaotzaneth coincide en que contar con personas dispuestas a escuchar y comprender puede cambiar la experiencia de rehabilitación. Recomienda buscar apoyo entre familiares, amistades, profesionales de la salud y otras personas con discapacidad que hayan vivido situaciones semejantes.

La convivencia con quienes ya pasaron por una amputación puede ayudar a resolver inquietudes prácticas relacionadas con las prótesis, la movilidad, el trabajo y la participación social. Compartir experiencias también permite conocer distintas maneras de enfrentar situaciones que inicialmente parecen imposibles de superar.

La atención emocional no debe esperar

En México, el acceso a rehabilitación integral puede representar una dificultad adicional para quienes viven con una amputación, especialmente cuando deben cubrir traslados, dispositivos de apoyo, consultas especializadas y gastos familiares.

Yaotzaneth asegura que muchas de las personas con amputaciones adquiridas que conoce no recibieron terapia psicológica. Su experiencia permite identificar una preocupación sobre el acceso al acompañamiento emocional, aunque no basta para establecer cuántos pacientes carecen de este servicio en el país.

La recuperación puede complicarse cuando el tratamiento se concentra exclusivamente en la cicatrización, la movilidad y el uso de prótesis, sin evaluar cómo enfrenta la persona los cambios en su vida. Una revisión científica publicada en 2023 en Healthcare, basada en 52 estudios sobre amputaciones no traumáticas de extremidades inferiores, encontró que la depresión, la ansiedad, el apoyo social y la adaptación emocional influyen en la calidad de vida y en el proceso de rehabilitación.

La atención psicológica puede formar parte de los servicios de rehabilitación y salud mental de instituciones públicas. La disponibilidad y los mecanismos de referencia varían entre establecimientos, por lo que conviene solicitar orientación directamente al equipo médico tratante.

Ante síntomas persistentes de depresión, ansiedad intensa o dificultades que impidan realizar actividades básicas, buscar atención profesional puede evitar un mayor deterioro. Si aparecen pensamientos de suicidio o de hacerse daño, se necesita ayuda inmediata de los servicios de emergencia y de salud mental.

Para Yaotzaneth, recuperar su independencia no significó regresar exactamente a la vida anterior al accidente, sino encontrar nuevas maneras de participar en ella. Su experiencia muestra cómo la rehabilitación física y el acompañamiento emocional pueden avanzar juntos, respetando los tiempos y las decisiones de cada persona.

“Perdiste una parte de tu cuerpo, no perdiste quién eres tú”, es el mensaje que comparte con quienes atraviesan una experiencia semejante.