Sheinbaum asegura que casi todos los rezagos de la petrolera del Estado fueron liquidados, pero los estados financieros y los proveedores muestran cientos de miles de millones aún pendientes.
En la conferencia matutina del 20 de agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una cifra capaz de cambiar por completo la percepción sobre los adeudos de Pemex a proveedores: alrededor de 95% de quienes tenían pagos atrasados, aseguró, ya habían recibido su dinero. El problema es que no explicó 95% de qué.
La propia presidenta titubeó antes de pronunciar el número. “No me atrevo a dar un porcentaje”, dijo, para inmediatamente añadir que “sí es 95 por ciento” de la proveeduría cuyos pagos se habían retrasado. No presentó un documento, una base de empresas, número de facturas, monto original del rezago ni fecha de corte, ninguna evidencia que permita comprobar ese porcentaje.
La cifra, por tanto, puede ser cierta dentro de algún universo administrativo que no conocemos. Con la información pública disponible no es posible verificarla.
Y cuando se observan las cuentas de Pemex, el panorama dista mucho de parecer un problema residual.
Pemex todavía debe 374,334 millones.
El 95% de pagos a proveedores citado por Sheinbaum no tiene desglose público. Pemex aún reporta 374,334 millones de pesos por pagar.
Al 30 de junio de 2026, la cuenta de proveedores de Petróleos Mexicanos ascendía a 374,334 millones de pesos. Seis meses antes, al cierre de 2025, sumaba 436,704 millones.
La reducción fue de 62,370 millones de pesos, equivalente a aproximadamente 14.3%, no 95%. El asunto es que como con otras cifras que maneja el gobierno, utilizan métricas distintas: la cuenta contable puede incluir obligaciones recientes, mientras Sheinbaum podría estar hablando únicamente de determinado conjunto de proveedores atrasados.
Precisamente allí está el problema.
Sin conocer el denominador utilizado por Presidencia, el 95% no puede contrastarse, auditarse ni reproducirse.
Decir que “95% de los proveedores fueron pagados” no significa que 95% del dinero adeudado haya sido liquidado”. Cinco por ciento de las empresas podría concentrar una parte considerable del saldo.
Y si se pretendiera presentar ese 95% como proporción del monto atrasado, las cifras disponibles difícilmente sostendrían esa lectura.
Pagar miles de millones no elimina el adeudo
Pemex sí ha realizado pagos importantes. Durante el primer semestre de 2026 desembolsó más de 248,000 millones de pesos a proveedores y contratistas, de acuerdo con información presentada por su dirección financiera. En 2025, la propia petrolera informó pagos por 582,000 millones de pesos mediante recursos propios y mecanismos de financiamiento instrumentados con el Gobierno federal. Son montos enormes, pero aquí aparece otra confusión frecuente en el discurso político: el dinero pagado durante un periodo no es lo mismo que la reducción del adeudo acumulado.
Pemex continúa contratando servicios, comprando materiales y generando nuevas obligaciones. Por eso puede pagar cientos de miles de millones y terminar el periodo todavía con una cuenta de proveedores gigantesca.
Lo correcto sería informar simultáneamente cuánto debía al inicio del periodo; cuánto pagó; cuánto nuevo compromiso generó; cuánto quedó pendiente; qué antigüedad tienen los saldos y qué parte corresponde a trabajos que todavía ni siquiera han podido facturarse. Pero, para sorpresa de nadie, el gobierno no presentó ese desglose cuando citó el 95%.
Hay trabajos de 2024 sin cobrar
La afirmación presidencial se vuelve todavía más difícil de conciliar con los reclamos de empresas que trabajan directamente para Pemex.
La Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros, AMESPAC, informó en julio que sus agremiados mantenían 27,240 millones de pesos pendientes relacionados con trabajos de 2024.
La organización representa a 49 importantes compañías nacionales y extranjeras dedicadas a servicios de exploración y extracción. Según su denuncia, existen tanto facturas vencidas como trabajos terminados que no han podido documentarse y facturarse mediante el procedimiento interno de Pemex conocido como COPADE.
Eso introduce otro problema en las palabras de Sheinbaum. Ella dijo que “debe pagarse” a quienes hayan hecho un trabajo y se les deba dinero, pero condicionó la liquidación a que “tiene que demostrarse que, en efecto, se hizo el trabajo”. Ahí si pide pruebas.
Para los proveedores que denuncian servicios concluidos pero atrapados en el proceso administrativo de reconocimiento y facturación, el problema no necesariamente consiste en demostrar que trabajaron. Y el cuello de botella puede estar precisamente dentro de Pemex.
AMESPAC sostiene que existen trabajos ejecutados desde 2024 que siguen sin obtener la documentación necesaria para convertirse formalmente en facturas cobrables.
Si esos servicios todavía no aparecen plenamente reconocidos en las cuentas por pagar, el pasivo económico podría incluso ser mayor que el saldo contable visible.
Los proveedores no son el único problema
La discusión tampoco puede aislarse de la situación financiera general de la petrolera.
Durante los primeros seis meses de 2026, Pemex registró una pérdida neta acumulada de 28,000 millones de pesos, frente a una utilidad de 16,200 millones en el mismo periodo de 2025.
La producción de petróleo crudo se ubicó alrededor de 1.37 millones de barriles diarios.
Al mismo tiempo, el gobierno federal realizó 100,400 millones de pesos en aportaciones de capital, 6.2% más que un año antes. El pasivo laboral creció 10.9% y representó 37.6% de los pasivos totales de la empresa.
Hay que reconocer que Pemex sí mostró mejoras relevantes: su deuda financiera descendió a 77,500 millones de dólares, 9.1% menos que al cierre de 2025, y el segundo trimestre registró una utilidad neta trimestral de 18,000 millones de pesos.
Pero avances no hacen desaparecer sus problemas ni permiten describir la situación como si los rezagos con proveedores prácticamente hubieran desaparecido.
El pasivo total de Pemex rondaba 4.01 billones de pesos al cierre de junio. Sólo la cuenta de proveedores equivalía a más de nueve veces la pérdida neta acumulada de la empresa durante el semestre.
El truco está en escoger el indicador
El debate demuestra cómo una misma empresa puede ofrecer simultáneamente cifras positivas y cifras profundamente preocupantes.
Pemex puede decir que redujo su deuda financiera.
Es verdad.
Puede afirmar que pagó cientos de miles de millones de pesos a proveedores.
También es verdad.
Puede mostrar una utilidad durante el segundo trimestre.
Es correcto.
Pero ninguna de esas cifras demuestra que 95% del problema de pagos atrasados haya sido resuelto.
Para demostrarlo se necesitaría una tabla extremadamente sencilla:
número de proveedores con atraso al inicio; monto total vencido; facturas pendientes; obligaciones aún sin facturar; pagos realizados a ese universo y saldo restante.
Presidencia no la mostró.
Pemex tampoco publicó junto con la afirmación presidencial una conciliación que permita llegar al 95%.
De 505,000 a 374,334 millones
La evolución reciente muestra por qué la fotografía completa importa.
Pemex reconocía 505,000 millones de pesos en la cuenta de proveedores al cierre de 2024. Para septiembre de 2025, el saldo había aumentado a aproximadamente 517,000 millones. La empresa explicó entonces que esa cuenta incluía pasivos registrados mediante COPADE, provisiones por bienes y servicios en conciliación y adeudos de empresas filiales.
Al cierre de 2025 disminuyó a 436,704 millones.
En junio de 2026 bajó a 374,334 millones.
La tendencia reciente es favorable, pero el saldo sigue siendo gigantesco.
Desde el cierre de 2024 hasta junio de 2026, la disminución es cercana a 26%.
Eso no significa que el porcentaje presidencial de 95% sea matemáticamente imposible, porque podría referirse a otro universo. Significa algo más delicado: el gobierno presentó como un hecho tranquilizador una cifra que el ciudadano no puede comprobar con la información publicada.
Los que faltan tampoco son “algunos”
Sheinbaum reconoció durante la propia conferencia que pequeños empresarios de Tamaulipas le dijeron personalmente que Pemex todavía les debía dinero.
Los describió como casos posiblemente correspondientes a 2024, 2025 o 2026 y señaló que el problema “ya es menor”.
Pero 27,240 millones de pesos reclamados solamente por empresas agrupadas en AMESPAC difícilmente pueden reducirse retóricamente a unos cuantos casos insignificantes. Y esa cantidad no representa necesariamente todo el universo de proveedores inconformes.
Los atrasos tienen consecuencias reales.
Empresas proveedoras han advertido problemas de liquidez, reducción de operaciones y, en algunos casos, cierres. AMESPAC ha sostenido que los retrasos comprometen la continuidad de servicios indispensables para exploración y producción.
La ironía es evidente: Pemex necesita producir más petróleo para mejorar sus ingresos, pero depende precisamente de contratistas y empresas especializadas a las que durante años ha pagado tarde.
El 95% necesita pruebas
El tema no debería resolverse mediante una guerra de porcentajes.
Pemex efectivamente ha disminuido parte de sus obligaciones y realizado pagos multimillonarios. Su deuda financiera también ha mejorado.
Pero la pregunta planteada en Palacio Nacional era muy concreta: ¿qué ocurrirá con quienes siguen esperando el pago por trabajos realizados, incluso desde 2024?
La respuesta presidencial terminó produciendo otra pregunta todavía más importante:
¿de dónde salió el 95%?
Mientras Pemex mantenga 374,334 millones de pesos registrados con proveedores, asociaciones empresariales documenten decenas de miles de millones correspondientes a 2024 y existan servicios terminados que todavía esperan ser reconocidos para facturarse, afirmar que prácticamente todos los atrasos están resueltos requiere algo más que una declaración.
Requiere documentos.
Hasta ahora, el gobierno ha presentado el porcentaje, pero no la cuenta que lo demuestra.
