El déficit comercial, la baja inversión en investigación y desarrollo y la dependencia de importaciones evidencian la fragilidad estructural del sector farmacéutico mexicano.
Déficit revela fragilidad estructural
La posición de México en el mercado farmacéutico global muestra una vulnerabilidad profunda y persistente. De acuerdo con datos oficiales, en 2024 el intercambio comercial de productos farmacéuticos —importaciones y exportaciones— superó los US$11,500 millones, con un saldo claramente negativo para el país. Las importaciones concentraron la mayor parte de ese flujo, mientras que las exportaciones mantuvieron un peso marginal, lo que confirma una dependencia estructural del exterior para abastecer medicamentos, insumos y productos de alto valor agregado.
Esta asimetría no es coyuntural. Durante 2025, el déficit mensual se mantuvo en niveles elevados, reflejando la incapacidad del aparato productivo nacional para equilibrar la balanza en un sector estratégico para la salud pública y la seguridad sanitaria.
México frente a un mercado global dominado por potencias
El contraste se vuelve más evidente al observar el tamaño del mercado farmacéutico global, valuado en alrededor de US$1.7 billones. Estados Unidos concentra cerca del 47% de ese total, con un mercado que supera los US$790,000 millones, impulsado por innovación, escala industrial y una fuerte inversión en investigación y desarrollo.
México, en cambio, cuenta con un mercado interno cercano a US$19,800 millones, lo que representa alrededor del 0.5% del total mundial. Aunque se trata de un mercado relevante a nivel regional, su peso global sigue siendo reducido y altamente dependiente de cadenas de suministro externas.
Inversión limitada y márgenes cada vez más estrechos
A esta brecha comercial se suma un rezago histórico en inversión en investigación y desarrollo. Mientras que a nivel global la industria farmacéutica destina más de US$200,000 millones anuales a I+D, la inversión local en México se mantiene en niveles muy bajos, insuficientes para detonar innovación propia, desarrollo de moléculas o escalamiento tecnológico.
El resultado es un sector que opera con márgenes ajustados, baja diferenciación y escasa capacidad para competir en segmentos de alto valor, como biotecnología avanzada, terapias personalizadas o medicamentos especializados.
Presión regulatoria y cadenas de suministro frágiles
La fragilidad estructural también se ve amplificada por un entorno regulatorio cada vez más exigente y por cadenas de suministro más volátiles. Los laboratorios que operan en México deben cumplir simultáneamente con estándares nacionales y con marcos internacionales como los de la FDA en Estados Unidos o la EMA en Europa, lo que eleva costos, tiempos y complejidad operativa.
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Automatización como respuesta estratégica
Frente a este panorama adverso, la automatización industrial y la digitalización emergen como una respuesta táctica para contener el rezago, aunque no lo resuelven por sí solas. Estimaciones del sector indican que la automatización avanzada puede incrementar el rendimiento de planta entre 25% y 40%, una mejora significativa en un entorno de márgenes estrechos y alta presión de costos.
La industria farmacéutica y de ciencias de la vida atraviesa un proceso de ajuste estructural en el que la calidad, la seguridad y el cumplimiento normativo siguen siendo innegociables, pero ahora conviven con ciclos de innovación más cortos y una demanda global más exigente. En este contexto, la automatización ha dejado de ser un proyecto de largo plazo para convertirse en una decisión operativa inmediata.
Fabricantes de medicamentos, empresas biotecnológicas y productores de dispositivos médicos avanzan hacia plantas más conectadas, donde el control integrado de procesos, los datos en tiempo real y la digitalización de la gestión de la calidad permiten escalar sin perder trazabilidad. El objetivo ya no es sólo producir más, sino hacerlo de manera consistente, reproducible y auditable.
De acuerdo con Roberto Aguilar, gerente de Ventas de Rockwell Automation para el sector, el trabajo con laboratorios se enfoca en integrar soluciones de automatización, sistemas MES y control avanzado de procesos para reducir variabilidad y facilitar el cumplimiento regulatorio. Estas tecnologías, señala, mejoran la visibilidad operativa sin sacrificar eficiencia ni calidad.
La digitalización de la calidad se ha convertido en uno de los ejes centrales de este cambio. La consolidación de datos, la integridad de la información y la reducción de errores aceleran auditorías y lanzamientos, un factor crítico en mercados regulados por organismos como la Food and Drug Administration y la European Medicines Agency. A ello se suman herramientas como gemelos digitales y simulaciones virtuales, que permiten probar cambios antes de ejecutarlos en planta, reducir riesgos y optimizar inversiones.
Aunque la automatización no sustituye una política industrial de fondo ni una estrategia sólida de I+D, sí se perfila como un habilitador financiero y operativo clave para que México reduzca ineficiencias, gane competitividad y contenga, al menos parcialmente, la fragilidad estructural que hoy define a su sector farmacéutico.
