Texas acelera su modelo energético con fósiles, renovables y nuclear. México enfrenta el reto de invertir más y definir una estrategia de largo plazo.
Insumo clave para competir
La energía es un insumo decisivo para la productividad, la competitividad industrial y el crecimiento económico. En ese terreno, el contraste entre Texas y México ofrece lecciones relevantes. El análisis de Ramses Pech (Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos) plantea que observar el modelo texano resulta útil para repensar la estrategia energética mexicana, más allá de coyunturas políticas.
Texas: escala, diversificación y planeación
Con cerca de 32 millones de habitantes, Texas produce entre 5.5 y 6.0 millones de barriles diarios de petróleo, es decir, hasta 45% del total de Estados Unidos. Además, aporta entre 34 y 36 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural, cerca de 29.3% de la producción nacional.
Su sistema eléctrico independiente atiende una demanda máxima de 55,000 a 60,000 MW. La matriz de generación combina 37% gas natural, 26% eólica, 13% solar, 12% carbón, 10% nuclear y 1% baterías. Este equilibrio le ha permitido responder al crecimiento de la demanda y sostener un PIB estatal que podría superar los 3 billones de dólares en 2025.
México: menor producción, alta dependencia
México supera los 130 millones de habitantes, pero su producción energética es menor: alrededor de 1.64 millones de barriles diarios de petróleo y 4 mil millones de pies cúbicos de gas al día. La demanda máxima eléctrica ronda entre 35,000 y 40,000 MW, con una fuerte dependencia del gas natural, que aporta 65% de la generación.
El PIB mexicano podría acercarse a los 2 billones de dólares en 2025. La diferencia de escala revela un reto estructural: con más población y menor producción energética, el país requiere inversiones sostenidas para garantizar abasto, precios competitivos y seguridad energética.
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Nuclear y seguridad energética
El análisis de Ramses Pech subraya el peso de las decisiones recientes en Texas. El gobernador Greg Abbott ha impulsado leyes para proteger la industria petrolera, combatir el robo en yacimientos y fomentar la inversión. Además, promovió una legislación clave para el renacimiento nuclear, con la creación de la Oficina de Energía Nuclear Avanzada de Texas y una inversión de 350 millones de dólares en tecnologías nucleares de nueva generación.
Este giro apunta a asegurar energía confiable y limpia para las próximas décadas, al tiempo que protege la base petrolera que sostiene la economía estatal.
Inversión: la brecha a cerrar
Texas anunció inversiones superiores a 2,500 millones de dólares para añadir cerca de 3,300 MW de capacidad instalada en plantas de gas natural. México, en contraste, planea invertir más de 4,500 millones de dólares para 2,800 MW en proyectos confirmados. La comparación sugiere que, aun con mayores montos, la eficiencia y el ritmo de ejecución serán determinantes.
Lecciones para México
El texto de Ramses Pech advierte que Texas es un estado y México un país, con realidades distintas. Sin embargo, el mensaje central es claro: fortalecer infraestructura, elevar la eficiencia operativa y definir una gestión estratégica de los recursos naturales resulta indispensable. En un contexto de alta interdependencia energética y comercial, mirar al norte no implica copiar, sino aprender y adaptar.
