Una embalsamadora mexiquense enfrenta un encargo inesperado en este unipersonal tragicómico, con cuatro funciones durante septiembre.
Rojo Tibio Sangre llegará al Teatro La Capilla con una historia que encuentra humor, afecto y vitalidad en un escenario poco habitual: una agencia funeraria. El unipersonal escrito e interpretado por Ana Laura Ramírez Ramos, bajo la dirección de Lizeth Rondero, tendrá funciones los viernes del 4 al 25 de septiembre de 2026, a las 20:00 horas. La cartelera oficial confirma una duración de 60 minutos, clasificación para mayores de 15 años y entrada general de $350.
Rojo Tibio Sangre entre muerte y vida
La protagonista es una embalsamadora del Estado de México que celebra un aniversario más en un oficio al que ha dedicado buena parte de su vida. Entre cuerpos, sustancias conservadoras, recuerdos y canciones de Los Tigres del Norte, su jornada parece seguir un orden conocido hasta que un encargo inesperado altera la rutina.
A partir de ese momento, la comedia comienza a rozar el duelo. Lo profesional invade lo personal y obliga al personaje a revisar sus relaciones, sus decisiones y su manera de convivir con una realidad que conoce mejor que casi cualquiera: inevitablemente, toda vida termina.
Sin embargo, Rojo Tibio Sangre no convierte la muerte en espectáculo macabro. Su punto de partida es prácticamente el contrario: mirar a quien trabaja cotidianamente con ella y preguntarse qué sucede cuando esa persona sale de la funeraria, escucha música, come pastel, ama, recuerda, ríe y también necesita despedirse.
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La embalsamadora detrás del oficio
Ana Laura Ramírez Ramos explicó que comenzó a desarrollar la obra después de interesarse por el trabajo de las personas embalsamadoras, un tema cuya presencia aumentó en redes sociales y pódcast durante la pandemia.
La dramaturga quería inicialmente escribir sobre despedidas y cierres. El personaje terminó llevándola hacia otro sitio.
“Pude escribir la obra gracias a que recibí el apoyo PECDA Estado de México. Inicialmente quería hacer una historia sobre despedidas y cierres, y poco a poco el personaje fue asomándose desde un lugar muy luminoso y divertido”, señala Ramírez Ramos.
Ese enfoque también permite desprender al oficio de buena parte del imaginario construido alrededor de la muerte. El embalsamamiento constituye una actividad profesional sujeta a reglas sanitarias; la NOM-036-SCFI-2016 lo define como la desinfección y preservación de cadáveres mediante los procedimientos previstos en las disposiciones aplicables.
La obra aprovecha ese mundo laboral real, pero no intenta convertirlo en una explicación técnica. El oficio funciona como territorio dramático para hablar de una persona acostumbrada a preparar despedidas ajenas que, de pronto, debe revisar las propias.
Una funeraria que cambia de forma
La dirección de Lizeth Rondero concentra la acción en una pequeña agencia funeraria. Una mesa se transforma para construir distintos espacios y acompañar los cambios emocionales de la protagonista.
La propuesta contrapone deliberadamente dos universos: la frialdad asociada con los cuerpos sin vida y los placeres pequeños que recuerdan que alguien sigue aquí, desde un pastel de chocolate hasta un corrido de Los Tigres del Norte.
Rondero cuenta con una amplia trayectoria en escena. Es egresada de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, ha participado en más de 30 montajes y óperas para niñas y niños, y es cofundadora y codirectora artística de Teatro de los Sótanos.
Esa experiencia resulta especialmente pertinente en una obra que necesita moverse con rapidez entre registros difíciles de conciliar: humor, pérdida, ternura y conciencia de la muerte.
Un homenaje a las abuelas
Detrás del oficio de la protagonista aparece además otro de los ejes de la pieza: el vínculo con esas abuelas que acompañan, protegen y sostienen a sus familias con un afecto que muchas veces sólo se dimensiona cuando llega la ausencia.
El homenaje evita presentar a la abuela únicamente como figura solemne. La memoria se construye también desde los detalles: gustos, canciones, comida, conversaciones y pequeños rituales familiares que sobreviven a una persona.
Así, el título adquiere otra lectura. Frente a la palidez asociada con los cuerpos que llegan a la mesa de trabajo, permanece lo rojo, lo tibio y lo sanguíneo como señal de aquello que todavía está vivo.
Cuatro viernes en Coyoacán
Rojo Tibio Sangre tendrá sólo cuatro funciones: 4, 11, 18 y 25 de septiembre de 2026, a las 20:00 horas, en el Teatro La Capilla, ubicado en Madrid 13, colonia Del Carmen, Coyoacán, Ciudad de México. El boleto general cuesta $350 y la venta en línea está habilitada mediante Boletópolis.
En escena estará únicamente Ana Laura Ramírez Ramos. La asistencia de dirección corresponde a Alejandrina García, las fotografías son de Jennifer González y la producción ejecutiva está a cargo de Maricarmen Núñez Utrilla.
Rojo Tibio Sangre encuentra así su paradoja central: situar la acción entre muertos para recordar al público que, mientras haya tiempo, la vida también merece celebrarse.
Rojo Tibio Sangre, unipersonal sobre una embalsamadora mexiquense, llega al Teatro La Capilla con cuatro funciones del 4 al 25 de septiembre.
