Bendito Corazón, con Lisset, Frank Rodríguez y Salvador Zerboni, estrena el 22 de enero y explora la fe como refugio frente a la adversidad.
Historia espiritual con raíces comunitarias

La película Bendito Corazón, en salas de cine desde el 22 de enero, ofrece una propuesta que combina fe, milagros y esperanza. La trama se sitúa en la Hacienda Santa Gertrudis, un espacio donde la devoción al Sagrado Corazón no sólo es tradición, sino un eje que articula la vida cotidiana de su comunidad.
Personajes frente a la adversidad
El relato avanza a través de conflictos personales que reflejan problemáticas reales. Antonio, un hombre que enfrenta el alcoholismo y la falta de oportunidades laborales, encarna la desesperanza que atraviesa a varios habitantes del lugar. Su historia, como la de otros personajes, muestra cómo la fe puede convertirse en un punto de quiebre y en un motor de transformación personal, abriendo paso a la gratitud y a la posibilidad de un cambio profundo.
Elenco con múltiples miradas

El filme está encabezado por Lisset, Frank Rodríguez y Salvador Zerboni, quienes conducen la narrativa emocional de la historia. A ellos se suman el padre influencer Arturo Cornejo, la reina de Tierra Blanca Nora Cervantes y el primer actor Humberto Fuentes, personajes que aportan distintas perspectivas sobre la espiritualidad, la fama y la fe vivida desde lo cotidiano.
Ópera prima de gran formato
La dirección corre a cargo de Miguel Ángel Pérez, egresado del ITESO en Guadalajara, quien debuta en el largometraje cinematográfico tras su experiencia previa en televisión con Clan de Amigos. El proyecto se desarrolla junto al productor Francisco Pérez, conocido como “Chisco”, fundador de Chisco Films y responsable de producciones de corte religioso como Virgen de San Juan de los Lagos y Asunción, ambas disponibles en Netflix.
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Equipo técnico y apuesta narrativa
Bendito Corazón cuenta con fotografía de César Plascencia, diseño sonoro de Marco Lupercio, guión de Francisco Pérez “Chisco” y música original de Jorge Alberto Sánchez. El conjunto apuesta por una narrativa sobria y emotiva, que busca conectar con el espectador desde la experiencia humana antes que desde el dogma, colocando la fe como una respuesta posible —no automática— frente a la adversidad.
