El especialista Ramses Pech advierte que el respaldo de Estados Unidos al petróleo venezolano puede reconfigurar precios, inversiones y exportaciones, con impactos directos para México.
Tablero energético en reacomodo
En un análisis enviado directamente a este medio, Ramses Pech, director de Grupo Caraiva y Grupo Pech Arquitectos, expone cómo Venezuela podría convertirse nuevamente en un eje estratégico del mercado energético mundial, con el respaldo de Estados Unidos. El documento plantea que este movimiento alteraría equilibrios clave y tendría efectos inmediatos en países como México, Canadá, China y Rusia.
De las expropiaciones al liderazgo petrolero de Estados Unidos
El análisis recuerda que entre 2007 y 2010, durante el gobierno de Hugo Chávez, Venezuela impulsó expropiaciones de empresas estadounidenses en el sector petrolero y de servicios. Estas decisiones derivaron en litigios internacionales y en la salida de capital extranjero. Como consecuencia indirecta, Estados Unidos concentró su estrategia en el desarrollo interno, especialmente en nuevas técnicas de perforación y producción de shale oil.
Entre 2010 y 2019, la producción estadounidense de crudo pasó de 5.5 a cerca de 13 millones de barriles diarios. En 2015 ingresó al grupo de exportadores de petróleo y, para 2018, ya se había consolidado como el principal productor mundial, superando a Arabia Saudita y Rusia.
Venezuela como oportunidad estratégica
De acuerdo con Ramses Pech, la experiencia tecnológica y operativa acumulada por empresas estadounidenses durante los últimos 15 años podría integrarse ahora en una estrategia para reactivar la producción venezolana. El análisis señala que, en 2025, el precio del barril venezolano se ha movido entre 45 y 50 dólares, por debajo de la mezcla mexicana, que se ha ubicado entre 50 y 60 dólares.
Esta diferencia de precios vuelve al crudo venezolano particularmente atractivo para las refinerías estadounidenses, muchas de ellas diseñadas para procesar crudos pesados similares a los de la Faja del Orinoco.
México frente a un nuevo competidor
Uno de los puntos centrales del análisis es el impacto potencial para México. Si Venezuela incrementa su producción con apoyo de Estados Unidos, PEMEX enfrentaría una competencia directa tanto en inversiones como en exportaciones. Empresas de servicios petroleros podrían preferir operar en Venezuela ante condiciones más favorables, como pagos más rápidos y esquemas sin obligación de compartir utilidades.
En contraste, México depende en gran medida de empresas nacionales para ejecutar su estrategia petrolera. Su capacidad está condicionada por la disponibilidad de equipos, personal y recursos financieros, en un contexto donde persisten adeudos de PEMEX con proveedores.
Exportaciones bajo presión
México busca alcanzar una producción de 1.8 millones de barriles diarios y exportar un máximo de 400 mil barriles, de los cuales 150 mil corresponden a Deer Park. Bajo este escenario, sólo entre 250 mil y 300 mil barriles podrían enviarse a refinerías estadounidenses. Si estas optan por crudo venezolano más barato, México tendría que ofrecer mayores descuentos o redirigir exportaciones a otros mercados.
El análisis subraya que entre el 18% y el 20% de los ingresos de PEMEX provienen de la exportación de petróleo crudo. Una reducción en ventas externas impactaría directamente el flujo de divisas, en un contexto ya presionado por la caída de remesas y mayores restricciones para el envío de dinero desde Estados Unidos.
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Canadá, China y Rusia en la ecuación
El posible regreso de Venezuela al mercado energético también afectaría a Canadá, hoy principal exportador de crudo a Estados Unidos. Washington podría utilizar esta nueva alternativa como elemento de negociación en la revisión del TMEC, presionando precios o condiciones comerciales.
En cuanto a China, Ramses Pech detalla que la deuda venezolana con ese país se estima entre 10,000 y 13,000 millones de dólares a inicios de 2026. Una parte del crudo enviado se destina al pago de esta deuda, con descuentos de entre 15 y 20 dólares por barril. Un cambio en la administración del sector petrolero obligaría a renegociar estos acuerdos.
Si China recibe menos crudo venezolano, podría recurrir a Rusia como proveedor alternativo. Esto forzaría a Rusia a ofrecer mayores descuentos, presionando sus finanzas públicas, pese a que su dependencia presupuestaria de los hidrocarburos ha disminuido de forma significativa en los últimos años.
Nuevo equilibrio energético
Ramses Pech concluye que Estados Unidos podría influir de manera directa en el precio internacional del petróleo al contar con Venezuela como aliado estratégico dentro de la OPEP. Para México, el escenario implica un nuevo competidor en inversión y exportación; para Canadá, ajustes en su relación comercial con Estados Unidos; para China, una renegociación de su deuda petrolera; y para Rusia, la necesidad de ofrecer mayores incentivos para colocar su crudo.
Este posible reacomodo ilustra cómo el cambio de régimen en Venezuela puede redefinir la geopolítica energética mundial en el corto y mediano plazo.
