La ópera prima de Stillz mezcla found footage, violencia urbana y elementos sobrenaturales, con música original de Arca.

“Barrio Triste” se estrenó en México este 1 de octubre después de un recorrido por los festivales de Venecia, Toronto y Nueva York. El primer largometraje de Stillz, fotógrafo y director creativo colombiano-estadounidense conocido por su trabajo con Bad Bunny, llega a un circuito de salas independientes distribuido por Lool Films.
La película se aleja de una narración convencional para colocar la cámara dentro de un barrio popular de Medellín a finales de los años ochenta. Un periodista de televisión investiga unas misteriosas luces que aparecen en el cielo cuando un grupo de adolescentes le roba su equipo. A partir de ese momento, la cámara cambia de manos y comienza a registrar la vida de los jóvenes, sus recorridos por las calles, la violencia que los rodea y una serie de fenómenos difíciles de explicar.
Barrio Triste entre realidad y ficción
Stillz construyó la película como material supuestamente encontrado, recurso conocido como found footage, en el que las imágenes parecen haber sido grabadas por los propios personajes. El cineasta operó personalmente la cámara y también asumió la dirección de fotografía.
La producción trabajó con jóvenes sin formación profesional como actores, seleccionados durante meses en barrios y parques de Medellín. Ese método permite que “Barrio Triste” se mueva entre una ficción construida y una sensación documental.
Los personajes corren, conducen, conversan, delinquen o simplemente recorren las calles mientras la cámara parece acompañarlos como un integrante más del grupo. La película intercala esos recorridos con entrevistas directas en las que los jóvenes hablan sobre sus sueños, la muerte y un futuro que parece cada vez más reducido.
La historia ocurre en la Medellín de una década marcada por la violencia y recupera espacios populares de la ciudad como escenario central. Stillz, cuyo nombre es Matías Vásquez, recorrió durante meses distintas zonas antes de desarrollar el universo de la película, que terminó filmándose en El Paraíso, Medellín.
De Bad Bunny al largometraje
Antes de dirigir cine, Stillz desarrolló buena parte de su carrera alrededor de la fotografía y los videos musicales. Su colaboración con Bad Bunny incluye trabajos como Yo Perreo Sola, Dákiti, Yonaguni, Tití Me Preguntó, Ojitos Lindos y Moscow Mule. También ha trabajado con artistas como Rosalía y Rauw Alejandro.
“Barrio Triste” conserva parte de esa experiencia visual, pero la coloca al servicio de una narración que mezcla drama, suspenso, crimen y elementos sobrenaturales. Harmony Korine, director de “Gummo” y “Spring Breakers”, participa como productor ejecutivo a través de EDGLRD.
La banda sonora original corre a cargo de Arca, artista venezolana de música electrónica. Su trabajo acompaña una película en la que el sonido refuerza la incertidumbre entre el deterioro cotidiano del barrio y las luces, desapariciones y fenómenos que comienzan a irrumpir en la historia.
De Venecia a México
“Barrio Triste” formó parte de la sección Orizzonti de la 82 Mostra Internacional de Arte Cinematográfico de Venecia. Después fue seleccionada en el Festival Internacional de Cine de Toronto y llegó a la sección Currents del Festival de Cine de Nueva York.
Su estreno mexicano apuesta principalmente por cinetecas, cineclubes, foros culturales y espacios independientes.
En la Ciudad de México, el circuito anunciado contempla la Cineteca Nacional de Xoco, Cine Tonalá, La Casa del Cine, Cinemanía, la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario, Odisea Cine y Café y Film Club Café.
Fuera de la capital también se anunciaron funciones en la Cineteca FICG y Cineforo, en Jalisco; la Cineteca Nuevo León; el CECUT, en Baja California; la Cineteca Alameda, en San Luis Potosí, y Kinoki Foro Cultural, en Chiapas, además de espacios en Puebla, Aguascalientes, Culiacán, Celaya, Morelia, Toluca y La Paz.
Más que trasladar al cine la estética desarrollada por Stillz en los videoclips, “Barrio Triste” lleva ese lenguaje a una historia que permanece pegada a sus personajes. La cámara observa una juventud marcada por la violencia mientras introduce, poco a poco, una amenaza que escapa de la realidad conocida.
