¿Messi juega con otro reglamento?

La reciente polémica ante Argelia volvió a poner bajo la lupa decisiones arbitrales, declaraciones de dirigentes y episodios que mantienen vivo el debate sobre la relación entre la FIFA, Messi y la selección argentina.

La victoria de Argentina por 3-0 sobre Argelia en el Mundial 2026 debía quedar marcada por el triplete de Lionel Messi. Sin embargo, la conversación internacional tomó otro rumbo.

Durante el encuentro, el capitán argentino protagonizó una acción sobre el defensor argelino Aïssa Mandi que numerosos analistas consideraron merecedora de tarjeta roja. El árbitro polaco Szymon Marciniak sancionó la falta, pero no mostró amonestación alguna. Tampoco intervino el VAR.

Minutos después, Messi continuó en la cancha y terminó siendo la figura del partido.

La jugada provocó críticas inmediatas en medios deportivos, redes sociales y espacios de análisis arbitral. Para algunos observadores, la decisión fue un error más dentro de las muchas polémicas que forman parte del futbol. Para otros, se trata de un nuevo capítulo de una historia que comenzó mucho antes.

Las sospechas sobre un posible trato especial hacia Messi y la selección argentina no nacieron en este Mundial.

Cada vez que una decisión arbitral discutible involucra al capitán argentino, reaparecen referencias a Qatar 2022, el torneo que finalmente permitió a Argentina conquistar su tercera Copa del Mundo.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en el debut argentino frente a Arabia Saudita.

Aunque Argentina terminó perdiendo aquel encuentro por 2-1, la atención se centró en los cerca de 14 minutos añadidos durante la segunda mitad. La FIFA explicó posteriormente que el torneo aplicaba una política más estricta para recuperar el tiempo perdido por sustituciones, revisiones del VAR, celebraciones y lesiones.

La explicación oficial no convenció a todos.

Para numerosos aficionados, aquel descuento extraordinario se convirtió en una de varias decisiones que alimentaron la percepción de que Argentina recibía un trato particularmente favorable durante el torneo.

Conforme avanzó la competencia, las polémicas continuaron acumulándose.

Penales discutidos, decisiones disciplinarias controvertidas y criterios arbitrales interpretados de manera distinta según los equipos involucrados fueron generando una narrativa que alcanzó su punto más alto durante la final entre Argentina y Francia.

Pero existe otro elemento que suele aparecer en este debate y que rara vez es mencionado cuando se analizan las controversias arbitrales.

Se trata de las declaraciones públicas realizadas por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Años antes de que Messi levantara la Copa del Mundo, Infantino expresó en distintas entrevistas que el argentino necesitaba conquistar un Mundial para ser considerado el mejor futbolista de todos los tiempos. También afirmó que sería injusto que una carrera de ese nivel terminara sin el máximo trofeo del futbol internacional.

Sus palabras fueron interpretadas por muchos como simples elogios hacia uno de los jugadores más importantes de la historia.

Sin embargo, para los críticos de la FIFA representan un problema de percepción institucional.

Cuando el máximo dirigente del organismo que organiza la Copa del Mundo manifiesta públicamente admiración por un futbolista y expresa el deseo de verlo campeón, cualquier decisión arbitral posterior que parezca favorecerlo inevitablemente queda bajo sospecha.

Por supuesto, las declaraciones de Infantino no constituyen una prueba de manipulación.

Tampoco la reciente acción sobre Aïssa Mandi demuestra por sí sola la existencia de favoritismo.

Sin embargo, quienes cuestionan la imparcialidad de la FIFA sostienen que el problema no radica en un incidente aislado, sino en la acumulación de episodios.

Una falta sin expulsión.

Un tiempo añadido excepcionalmente largo.

Penales discutidos.

Decisiones arbitrales controvertidas.

Y, como telón de fondo, la percepción de que la principal autoridad del futbol mundial nunca ocultó su simpatía por el jugador más influyente de la era moderna.

Los defensores de Argentina responden que ninguna de esas situaciones demuestra ayuda extrarreglamentaria.

Recuerdan que la selección superó partidos complejos, eliminó a rivales de alto nivel y conquistó el título dentro de la cancha.

La realidad es que, hasta ahora, no existe evidencia pública que pruebe una intervención institucional de la FIFA para beneficiar a Argentina.

Pero también es cierto que la organización enfrenta un problema de credibilidad cada vez que una decisión polémica termina favoreciendo a Messi.

La acción ante Argelia volvió a demostrarlo.

Más allá de si la jugada merecía o no una tarjeta roja, la controversia confirma que para millones de aficionados alrededor del mundo la pregunta sigue abierta.

¿Se trata simplemente de errores arbitrales inevitables en el futbol moderno?

¿O estamos ante una sucesión de decisiones que, vistas en conjunto, alimentan una percepción de favoritismo que la FIFA no ha logrado disipar?

Mientras cada nueva polémica encuentre eco en los antecedentes de Qatar 2022 y en las declaraciones de sus propios dirigentes, el debate difícilmente desaparecerá.