Universidades de tres continentes crean una alianza con IA y biotecnología para enfrentar la inseguridad alimentaria en México y América Latina.
La seguridad alimentaria volvió a colocarse en la agenda científica con un mensaje incómodo: el problema no es sólo la falta de comida, sino la falta de diagnósticos comparables y de intervenciones que se puedan medir, ajustar y escalar. Con esa premisa, investigadores de América, Europa y Asia formalizaron la creación de la Food Security and Nutrition International Alliance, una iniciativa que busca coordinar esfuerzos mediante inteligencia artificial, biotecnología y un marco común de indicadores.
La Alianza se presentó durante el Segundo Simposio de Seguridad Alimentaria y Nutrición organizado por la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, con la promesa de reducir la fragmentación de la investigación y acercar sus resultados a decisiones públicas e industriales.
¿Qué tan grande es el reto en México y la región?
Hablar de inseguridad alimentaria no siempre significa lo mismo. Algunas mediciones se enfocan en personas; otras, en hogares; unas capturan la gravedad extrema y otras agregan niveles moderados. Aun así, el patrón es consistente: una proporción relevante de la población enfrenta dificultades para acceder a alimentos suficientes y nutritivos.
En México, por ejemplo, estimaciones basadas en mediciones oficiales distinguen entre inseguridad moderada y severa, mientras análisis recientes sobre “dificultades alimentarias” muestran que el desafío también se expresa con fuerza a nivel de hogares. En América Latina y el Caribe, reportes del sistema de Naciones Unidas han señalado mejoras recientes respecto al pico observado en 2020, pero advierten que la brecha social y territorial mantiene bolsillos persistentes de vulnerabilidad.
Quiénes integran la Alianza
El Tecnológico de Monterrey impulsa la red junto con instituciones como la Nanyang Technological University (Singapur), el KTH Royal Institute of Technology (Suecia), la Universidad de los Andes (Colombia), la Universidad Técnica de Múnich y la Pontificia Universidad Católica de Chile.
La apuesta no se limita a “sumar logos”: el objetivo declarado es cerrar la brecha entre investigación aislada y aplicación real en políticas públicas e industria, con una lógica de intervención que pueda compararse entre territorios.
Un tablero con cientos de indicadores para hablar el mismo idioma
Uno de los ejes técnicos de la iniciativa es adoptar un modelo inspirado en el Food Systems Dashboard, plataforma que integra cientos de indicadores sobre sistemas alimentarios. La idea de fondo es simple: si cada equipo mide distinto, cada quien llega a conclusiones distintas y nadie puede comprobar qué funcionó.
En ese marco, la Alianza busca pasar de promedios nacionales a lecturas con mayor granularidad —estatal, municipal y comunitaria— para analizar, bajo una misma estructura, variables productivas, ambientales, económicas y nutricionales. Eso permitiría detectar cuellos de botella específicos: no es lo mismo un problema de disponibilidad, que uno de precio, que uno de calidad nutricional o de entorno alimentario.
“La seguridad alimentaria no puede abordarse de forma aislada. Necesitamos integrar datos comparables y decisiones públicas sustentadas en evidencia para cerrar las brechas de acceso y calidad nutricional”, señaló la Dra. Cristina Chuck.

Cuatro pilares para evitar que el plan se quede en discurso
La Alianza articula su agenda en cuatro pilares:
- Producción y transformación agroecológica y sostenible.
- Sistemas alimentarios saludables para las personas y el planeta.
- Economía circular en producción y preservación de alimentos.
- Marcos de política, economía y comercio que promuevan sistemas equitativos e inclusivos.
A partir de estos ejes, el proyecto plantea construir una línea base multidimensional alineada con estándares internacionales para evaluar desempeño, definir prioridades y medir avances con indicadores replicables.
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IA, biotecnología y “ciencia aplicable”: el terreno donde se juega el impacto
El plan incluye optimización agroindustrial y reducción de impactos ambientales mediante innovación en procesamiento, conservación y empaque; también contempla rediseñar cadenas de valor para disminuir pérdidas y desperdicio.
Otra pieza clave es mirar el “cómo comemos” y no sólo “qué producimos”: la iniciativa propone analizar entornos alimentarios desde ciencias del comportamiento, psicología y economía, incorporando factores como mercadotecnia y dinámicas de cambio dietético para sustentar intervenciones educativas y políticas públicas basadas en evidencia.
En el frente industrial, se plantea transferir tecnología hacia soluciones de procesamiento, conservación y valorización de subproductos, además de impulsar alimentos e ingredientes con mejores perfiles nutricionales y menor impacto ambiental.
Proyectos compartidos, living labs y plantas piloto
La plataforma prevé integrar bases de datos, modelos predictivos y herramientas de apoyo a decisiones, además de impulsar proyectos interdisciplinarios y multinacionales. Entre los mecanismos propuestos aparecen postulaciones conjuntas a fondos internacionales e infraestructura compartida, como living labs y plantas piloto.
En paralelo, se promete un enfoque comunitario participativo con pertinencia cultural, más programas formativos adaptados a contextos locales y una estrategia de gobernanza y comunicación para fortalecer la producción científica.
El cierre vuelve al punto inicial: medir para corregir. El Dr. Jorge Welti Chanes lo resumió así: “El propósito es que las intervenciones tengan impacto medible. Basados en estrategias integrales de ciencia aplicada, aspiramos a contribuir a reducciones importantes en los indicadores de inseguridad en los territorios donde se implementen”.
