El fin del gas barato: Por qué Estados Unidos preferirá venderle a Europa que a México

México enfrenta una encrucijada energética pos-2028. La UE vetará el gas ruso y acaparará el suministro estadounidense, arriesgando el abasto barato por ducto que hoy mueve al país.

La geopolítica del gas: México ante el dilema del suministro estadounidense

La energía que enciende las luces y mueve gran parte de la industria en México se encuentra en una posición vulnerable. Actualmente, el mundo consume más de 400,000 millones de pies cúbicos diarios (MMMpdc) de gas natural, y cerca del 40% de ese total se destina a la generación eléctrica. En este escenario global, México ha cimentado su funcionamiento en una dependencia casi total del gas proveniente de Estados Unidos, una estrategia que podría enfrentar serios obstáculos a partir de 2028 debido a un drástico reacomodo en el tablero geopolítico internacional.

Estados Unidos es el líder indiscutible en la extracción de este hidrocarburo, cubriendo el 25% de la demanda mundial gracias, en gran medida, a sus más de 500,000 pozos activos y técnicas no convencionales como el fracking. Hasta ahora, para México, esta vecindad ha significado acceso a energía abundante y barata a través de gasoductos, sin aranceles gracias a los acuerdos comerciales. Sin embargo, las prioridades de Washington están por cambiar.

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El factor europeo: el detonante del cambio

El punto de inflexión tiene fecha y origen: la Unión Europea. Tras los conflictos recientes, Europa ha decidido cortar definitivamente su dependencia energética de Rusia. Un nuevo marco regulatorio establece la eliminación progresiva de las importaciones de gas ruso, con una implementación total prevista para 2028.

Esto obliga a Europa a buscar desesperadamente nuevos proveedores para cubrir una demanda que para ese año alcanzará los 42 mil MMpcd. ¿La solución inmediata? El Gas Natural Licuado (GNL) estadounidense. Para Estados Unidos, esto representa una oportunidad de negocio monumental. Vender GNL a Europa, que debe ser transportado en buques especializados y regasificado en destino, permite precios de venta entre tres y cinco veces superiores a los que obtiene vendiendo gas por ducto a México.

Según análisis del experto en energía Ramses Pech, Estados Unidos se verá en la necesidad de priorizar el mercado europeo, no solo por el beneficio económico, sino para garantizar que sus aliados alcancen el 90% de almacenamiento estratégico antes de cada invierno.

El riesgo para México: 2028 y la competencia por el gas

La situación coloca a México en una posición desfavorable. Al cierre de 2025, la demanda mexicana promedió 9.11 mil MMpcd, de los cuales el 70% se importó de Estados Unidos, fundamentalmente para que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) genere energía. Las proyecciones indican que para 2030, el consumo de México subirá a 11 mil MMpcd, manteniendo esa misma dependencia del 70% de importaciones.

El problema radica en la capacidad de suministro estadounidense durante los picos de demanda. Para 2028, Estados Unidos estima una producción de 113 mil MMpcd frente a un consumo interno de 103 mil MMpcd. El margen para exportar se estrecha, especialmente durante los crudos inviernos donde el consumo interno se dispara.

Si Estados Unidos debe elegir entre cumplir con su demanda interna, enviar GNL caro a Europa y mantener sus propias reservas de seguridad, el envío de gas barato por ducto a México y Canadá podría verse comprometido. El modelo de negocio estadounidense apunta claramente a maximizar las exportaciones de GNL, expandiendo sus terminales portuarias en lugar de priorizar la infraestructura de ductos hacia el sur.

Un futuro de incertidumbre y altos costos

El panorama a largo plazo sugiere que, si bien Europa y Estados Unidos podrían comenzar a reducir su uso de gas natural hacia 2050 como parte de la transición energética, México seguirá dependiendo de este combustible y de la voluntad de su vecino del norte durante décadas.

El Departamento de Energía de EE. UU. (DOE) ya evalúa este dilema, invirtiendo en tecnologías de almacenamiento de larga duración para asegurar su propia cadena de suministro, especialmente ante el auge de centros de datos que demandan cantidades masivas de electricidad.

Para México, la realidad a partir de 2028 será desafiante. Si Estados Unidos decide priorizar su seguridad energética y el lucrativo mercado europeo, México podría enfrentar no solo precios más altos, sino una competencia feroz por el recurso esencial que mantiene operando al país.