La IA no predice sismos: lo que sí puede hacer

Tras cada terremoto reaparece la misma duda: ¿la inteligencia artificial puede predecir un sismo? La respuesta es no, pero su papel en alertamiento y mitigación ya es clave.

ada sismo de magnitud relevante reaviva en redes sociales y en la conversación pública las mismas preguntas: ¿la inteligencia artificial puede predecir un terremoto?, ¿existen algoritmos capaces de avisar con días de anticipación?, ¿la tecnología puede evitar una catástrofe?
La respuesta corta, coinciden especialistas, es no. La larga exige matices.

La inteligencia artificial no puede predecir los sismos. No hoy, ni con la tecnología disponible, ni con los volúmenes de datos actuales. Los terremotos siguen siendo fenómenos físicos complejos, no lineales y altamente caóticos, sin patrones repetibles que permitan anticipar con precisión el momento, el lugar y la magnitud de un evento. Sin embargo, eso no significa que la IA no tenga un papel relevante en la gestión del riesgo sísmico.

“Hay un mito muy extendido de que la IA puede decirnos cuándo va a temblar. Eso es falso”, explica Jocelyn Vargas, ingeniera industrial especializada en geociencias y sismología aplicada y CEO de SeismicAI. “La IA no predice sismos, pero sí puede ayudarnos de forma decisiva a detectar, alertar y reducir daños una vez que el fenómeno ya inició”.

Mitos y realidades del uso de la IA

Uno de los principales errores es confundir predicción con alertamiento temprano. Mientras la predicción busca anticiparse con días o semanas —algo que hoy es científicamente inviable—, los sistemas de alerta temprana detectan las primeras ondas sísmicas y emiten avisos con segundos de anticipación antes de que lleguen las ondas más destructivas.

“La IA es muy eficaz para procesar enormes volúmenes de datos sísmicos en tiempo real, filtrar ruido, identificar patrones y acelerar decisiones críticas”, señala Vargas. “En alertamiento temprano, esos segundos pueden marcar la diferencia entre apagar una planta industrial, detener un tren o permitir que una persona se ponga a salvo”.

Otro mito frecuente es pensar que la IA puede “evitar” un sismo. La realidad es que su impacto está en la mitigación del riesgo. Plataformas especializadas combinan modelos de aprendizaje automático con datos de sensores, acelerógrafos y registros históricos para mejorar la detección temprana, estimar la intensidad del movimiento y apoyar la toma de decisiones en tiempo real.

Monitoreo estructural: donde la IA sí cambia el juego

Uno de los usos más avanzados —y menos conocidos— de la IA en este campo es el monitoreo estructural. Mediante sensores instalados en edificios, puentes o infraestructura crítica, los sistemas inteligentes analizan cómo responde una estructura durante y después de un sismo.

“Con IA podemos evaluar si un edificio sufrió daños internos aunque no sean visibles, estimar niveles de riesgo y priorizar inspecciones”, explica Vargas. “Eso es clave para autoridades, empresas y desarrolladores inmobiliarios, porque reduce tiempos, costos y, sobre todo, riesgos para las personas”.

En sectores como energía, manufactura o transporte, este tipo de tecnología permite reanudar operaciones de forma más segura y rápida tras un evento sísmico, evitando decisiones basadas únicamente en inspecciones visuales o criterios subjetivos.

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Lo que sí y lo que no puede hacer la IA

Desde la perspectiva de SeismicAI, el límite es claro: la inteligencia artificial no puede decir cuándo va a temblar, pero sí puede indicar qué está ocurriendo, qué tan fuerte es el evento, qué tan vulnerable es una estructura y qué decisiones tomar en los primeros minutos.

En un país como México, altamente expuesto a la actividad sísmica, la discusión ya no debería centrarse en falsas promesas de predicción, sino en cómo aprovechar la tecnología disponible para salvar vidas, proteger infraestructura y reducir pérdidas económicas.

La inteligencia artificial no es una bola de cristal. Bien aplicada, puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para convivir con un riesgo natural que no se puede evitar, pero sí gestionar mejor.