Pagos instantáneos: Colombia avanza, México no despega

Colombia acelera con Bre-B, mientras México enfrenta el reto de convertir su infraestructura en adopción masiva.

Ulises Ladislao/SuperMexicanos

Colombia pisa el acelerador

En sólo cinco meses, el sistema de pagos en tiempo real Bre-B transformó el panorama financiero en Colombia. Con más de 500 millones de transacciones procesadas y más de 100 millones de claves registradas, el esquema se posicionó como uno de los despliegues más rápidos en América Latina.

El modelo, desarrollado de forma coordinada entre el Banco de la República, instituciones financieras y aliados tecnológicos como ACI Worldwide, no sólo modernizó la infraestructura, también simplificó la experiencia para millones de usuarios.

Durante Fintech Americas Miami 2026, Mauricio Fernández y Ana Carolina Ramírez Pineda destacaron que el éxito de Bre-B radica en su interoperabilidad total y en una ejecución ágil que priorizó al usuario final.

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México: ventaja técnica, rezago práctico

Mientras Colombia celebra, México observa desde una posición peculiar: el país cuenta desde hace años con una infraestructura de pagos en tiempo real robusta a través del SPEI.

Este sistema permite transferencias en segundos, opera 24/7 y conecta a prácticamente todo el sistema bancario. En términos técnicos, México no está atrás. Sin embargo, en la práctica, el uso cotidiano de estos mecanismos no ha alcanzado el mismo nivel de adopción.

Herramientas como CoDi y DiMo, diseñadas para facilitar pagos digitales inmediatos mediante códigos QR o números telefónicos, no lograron masificarse. El efectivo sigue dominando gran parte de las transacciones diarias.


El verdadero problema: experiencia, no tecnología

El contraste revela una diferencia clave: Colombia diseñó su sistema pensando en la experiencia del usuario desde el inicio, mientras que México ha construido capas sobre una infraestructura existente sin lograr simplificar su uso.

En Bre-B, las “claves de pago” funcionan como identificadores universales. En México, el usuario aún depende de CLABE, tarjetas o procesos menos intuitivos.

A esto se suma un factor cultural y económico: la fuerte presencia del efectivo y la desconfianza en algunos sectores hacia los pagos digitales.


Nuevas capas

Pese a este rezago en adopción, el ecosistema mexicano comienza a ajustarse. El Banco de México ha impulsado mejoras para simplificar los pagos electrónicos y hacerlos más accesibles desde dispositivos móviles.

Además, se desarrollan nuevas capas sobre SPEI, como DiMo, que permite enviar dinero usando el número celular, y se exploran proyectos como el peso digital.

Estas iniciativas apuntan hacia un objetivo claro: hacer que la tecnología existente sea tan fácil de usar como enviar un mensaje.


El siguiente frente: pagos sin fronteras

Más allá del mercado local, el verdadero campo de competencia está en los pagos transfronterizos. El corredor entre Estados Unidos y México, uno de los más importantes del mundo por volumen de remesas, se perfila como el siguiente gran paso.

La experiencia de Bre-B abre la puerta a una integración regional donde transferencias internacionales puedan realizarse en segundos y con menor costo.

En ese escenario, México no parte de cero, pero sí enfrenta el desafío de adaptar su sistema para competir en una economía digital cada vez más interconectada.


¿Llegará un “Bre-B mexicano”?

Más que replicar el modelo colombiano, México parece encaminado a una evolución propia: aprovechar su infraestructura existente y transformarla en una experiencia más simple, interoperable y masiva.

El reto no es construir desde cero, sino lograr que millones de usuarios utilicen lo que ya existe. En la carrera por los pagos en tiempo real, la velocidad tecnológica ya no es suficiente: el éxito lo define la adopción.