IA y congelación de óvulos: decidir con datos

Cambio global en cómo se piensa la fertilidad

La congelación de óvulos dejó de ser una decisión impulsada sólo por motivos médicos y empieza a integrarse en la planificación de vida. El repunte internacional es contundente: en Estados Unidos, los ciclos de congelación crecieron casi 40% de 2022 a 2023, un indicio del viraje cultural y tecnológico que también comienza a verse en México.

En las clínicas de reproducción asistida del país ocurre un fenómeno paralelo. Cada vez más personas jóvenes consideran esta opción no como un “recurso de emergencia”, sino como una estrategia para ganar tiempo, flexibilidad y autonomía.

De tendencia de nicho a decisión estratégica

El Dr. Enrique Cervantes, cofundador y director de la Clínica de Fertilidad CdelaF en la Ciudad de México, observa este cambio todos los días.
“Hemos visto un aumento importante en pacientes de entre 28 y 35 años que eligen la congelación de óvulos como parte de su estrategia de vida”, explica. “Las personas buscan flexibilidad, autonomía y la tranquilidad de saber que tendrán opciones más adelante”.

Aun con el crecimiento del método, persisten conceptos erróneos. Uno de los más comunes es asumir que congelar óvulos en una edad joven garantiza buenos resultados después. Aunque la edad influye de manera directa en la calidad ovocitaria, no determina por completo el potencial reproductivo: dos personas de 32 años pueden tener desenlaces muy distintos.

El problema aparece tiempo después, cuando quienes regresan a utilizar sus óvulos congelados descubren que la calidad no siempre coincide con las expectativas que tenían al momento del procedimiento.

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El vacío de información que busca cerrar la inteligencia artificial

Ante esta incertidumbre, la empresa canadiense Future Fertility desarrolló VIOLET™, la primera herramienta de inteligencia artificial diseñada específicamente para evaluar el potencial de cada óvulo congelado. Su tecnología ya opera en clínicas de fertilidad líderes en México y más de 30 países.

El proceso es simple y no invasivo: a partir de una imagen microscópica tomada justo después de la extracción, se analiza cada óvulo maduro y genera una predicción individualizada sobre su probabilidad de convertirse en un embrión de alta calidad.

Nada cambia para la paciente: no requiere procedimientos adicionales ni altera el protocolo clínico. Pero sí transforma la calidad de la información disponible.

De la incertidumbre a la claridad: lo que cambia para las pacientes

Según el Dr. Cervantes, esta herramienta ha modificado por completo la conversación con quienes eligen congelar óvulos.
“Las pacientes por fin entienden el verdadero potencial de los óvulos que congelan”, afirma. “En lugar de basarnos en supuestos, podemos mostrarles imágenes de sus propios óvulos y hablar con honestidad sobre sus probabilidades reales de éxito”.

Esa claridad es decisiva para planear. Ya no se trata sólo de cuántos óvulos se obtuvieron o de la edad de la paciente, sino de cuál es la probabilidad real de lograr embriones viables. Alguien que congela óvulos a los 30 años podría descubrir que la calidad del primer grupo es alta; otra persona, de la misma edad, podría encontrar un escenario menos favorable y decidir un segundo o tercer ciclo mientras aún está en una etapa óptima.

La IA no promete embarazos ni elimina la complejidad emocional del proceso. Pero sí ofrece algo que históricamente ha faltado: información precisa para tomar decisiones de largo plazo.

Decidir con más contexto, rumbo a 2026

Mientras más personas en México establecen metas profesionales, personales o financieras hacia 2026, la congelación de óvulos entra de lleno en conversaciones sobre autonomía y planificación. Con tecnologías como VIOLET™, este camino ya no se recorre a ciegas: quienes optan por él pueden avanzar con datos más claros, expectativas realistas y una comprensión más profunda del potencial de su propio cuerpo.