Identidades seguras apoyan e-commerce confiable en México

La confianza digital define quién gana en el e-commerce: sin protección de identidades, crecen el fraude, la suplantación y el riesgo para usuarios y empresas.

La nueva moneda del e-commerce: la confianza digital

En México, el comercio electrónico dejó de ser un experimento para convertirse en un pilar del consumo. De acuerdo con el Estudio de Venta Online 2025 de la AMVO, el canal digital alcanzó un valor de mercado cercano a los $789,700 millones de pesos durante 2024, con un crecimiento de 20 % anual y una participación de 14.8 % dentro del comercio minorista.

Proyecciones recientes apuntan a que en 2025 la penetración del e-commerce llegará a 16 % del comercio minorista, consolidando a México como líder regional en ventas digitales frente a otros países de América Latina. Más compradores, más categorías y más transacciones significan también más puertas de entrada para el fraude. En este contexto, la confianza digital ya no es un valor agregado: se ha vuelto el activo más valioso para cualquier negocio que viva de las transacciones en línea.

Más operaciones, más superficie de ataque

Cada clic detrás de una compra digital implica una cadena de identidades: la de la persona que paga, la del dispositivo que utiliza, la de la aplicación que procesa el cobro, la del proveedor logístico que ve la dirección de entrega y la del empleado que administra los sistemas internos. Cada uno de esos eslabones puede ser una puerta abierta para los atacantes si no se controla correctamente.

El aumento del comercio electrónico vino acompañado de un salto en los fraudes digitales. Distintos estudios señalan que más del 80 % de los compradores digitales en México ha recibido algún intento de fraude y más de 20 % lo ha sufrido directamente. A nivel empresarial, se estima que 45 % de las compañías mexicanas enfrentó en 2024 intentos de fraude, con pérdidas que se acercan a los $300,000 millones de pesos anuales, donde el robo de identidad es uno de los detonantes más frecuentes.

Los delincuentes ya no dependen solo de mensajes masivos y descuidados. Utilizan phishing dirigido, llamadas falsas (vishing), enlaces manipulados y sitios clonados que imitan la identidad de bancos, tiendas o marketplaces. En paralelo, compran o intercambian bases de datos filtradas con nombres, direcciones, teléfonos y credenciales reutilizadas, lo que facilita la suplantación de cuentas en cuestión de minutos.

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IA y ataques más sofisticados: la identidad bajo asedio

La expansión de plataformas digitales y el uso intensivo de inteligencia artificial han cambiado el juego. Hoy los ataques son más automatizados, personalizados y difíciles de detectar. Herramientas de IA generativa permiten crear correos o chats prácticamente indistinguibles de los mensajes legítimos de una empresa.

En este entorno, la identidad se convierte en el nuevo perímetro de seguridad. No basta con proteger el “muro” externo de la organización; cada usuario, humano o máquina, es ahora un posible punto crítico. Las soluciones de seguridad de identidades, como las que ofrece BeyondTrust, se enfocan precisamente en cerrar esa brecha: monitorean, controlan y auditan qué usuarios acceden a qué recursos, en qué momento y con qué privilegios.

Plataformas como Beyond Insight y Privileged Remote Access integran principios de Zero Trust, modelo que parte de una premisa incómoda pero realista: no se confía de forma predeterminada en nadie ni en nada, sin importar si se encuentra dentro o fuera de la red corporativa. Cada solicitud de acceso se verifica y se otorgan privilegios mínimos necesarios, reduciendo las posibilidades de que una cuenta comprometida abra la puerta a un daño mayor.

“Proteger las identidades es proteger la confianza. La temporada de compras en línea no sólo pone a prueba la infraestructura tecnológica, sino la capacidad de las organizaciones para anticiparse a los ataques y preservar la integridad del ecosistema digital. La seguridad no puede ser reactiva: debe ser proactiva y centrada en las identidades”, subraya Carlos Ochoa, Territory Sales Manager de México en BeyondTrust.

Identidades privilegiadas: el blanco favorito del fraude

Dentro del universo de usuarios, hay un grupo especialmente sensible: las identidades privilegiadas. Son las cuentas que pueden crear nuevos perfiles, modificar permisos, aprobar devoluciones, cambiar límites de crédito o acceder a bases de datos con información financiera. Si un atacante controla una de estas identidades, puede moverse casi sin restricciones por los sistemas internos.

Por eso, la gestión de accesos privilegiados se ha convertido en una prioridad para las áreas de ciberseguridad. Firmas especializadas destacan que las soluciones de Privileged Access Management (PAM) —entre ellas las de BeyondTrust— figuran ya entre las herramientas críticas para reducir el riesgo de fraude y cumplir con regulaciones cada vez más estrictas en sectores como banca, fintech y retail.

Un enfoque moderno de PAM no se limita a guardar contraseñas en una “bóveda” digital. También registra sesiones, alerta sobre comportamientos anómalos, aplica accesos “justo a tiempo” y revoca automáticamente privilegios cuando ya no son necesarios. Todo esto alimenta modelos de análisis de riesgo basados en IA que aprenden del comportamiento normal de la organización para detectar variaciones sospechosas.

Consumidores que quieren rapidez… y garantías

Del otro lado de la pantalla, las personas esperan experiencias fluidas, rápidas y sin fricción. El reto para las empresas es equilibrar esa expectativa con la necesidad de controles de seguridad robustos. Autenticaciones interminables, contraseñas imposibles de recordar o verificaciones confusas terminan por ahuyentar a los usuarios.

Los datos muestran que la población joven-adulta es, al mismo tiempo, la más activa en compras en línea y una de las más golpeadas por el fraude digital. Se calcula que más de 40 % de los fraudes reportados en plataformas digitales afecta a personas de entre 18 y 35 años.

Por eso, muchas organizaciones están migrando hacia esquemas de autenticación más inteligentes: factores múltiples invisibles al usuario, análisis de comportamiento, evaluación de dispositivos confiables y verificación continua de identidad durante toda la sesión, no solo al inicio. La meta es clara: que la persona perciba un proceso sencillo, pero que el sistema esté trabajando en segundo plano para detectar cualquier anomalía.

Proteger la identidad, proteger el negocio

En un ecosistema donde la confianza se construye transacción por transacción, la seguridad ya no puede ser un “parche” que se coloca al final. Debe formar parte del diseño del modelo de negocio.

Para las empresas mexicanas que apuestan por el e-commerce, esto implica:

  • Mapear todas las identidades que intervienen en sus operaciones, humanas y de máquina.
  • Clasificar las cuentas privilegiadas y aplicar controles específicos sobre ellas.
  • Implementar plataformas de gestión de identidades y accesos que integren principios de Zero Trust.
  • Invertir en monitoreo continuo y análisis de comportamiento para detectar fraudes en tiempo real.
  • Capacitar a los equipos internos y comunicar de forma clara a los clientes cómo se protege su información.

Las organizaciones que logren combinar seguridad sólida, experiencia de usuario amigable y transparencia en el manejo de datos estarán mejor posicionadas para capitalizar el crecimiento del comercio electrónico. En un entorno donde el fraude digital crece a doble dígito, cuidar las identidades es, en realidad, cuidar el corazón del negocio.