La fiesta, de Bárbara Colio, convierte una casa en escenario inmersivo donde cada espectador arma su propia versión de una noche decisiva.
Una obra para mirar detrás de las puertas

En la cartelera teatral de abril en la Ciudad de México, La fiesta llega como una propuesta que no pide al público sentarse y mirar desde lejos, sino entrar, desplazarse, espiar y completar por sí mismo una historia rota. Escrita y dirigida por Bárbara Colio, la puesta tendrá temporada del 3 al 26 de abril de 2026 en Un Teatro, en la colonia Condesa, con sólo 12 funciones.
La premisa parece sencilla, pero debajo hay una herida más compleja. Emma, una actriz y escritora famosa, compra una vieja casa para organizar una celebración extravagante. Lo que en apariencia es una reunión social pronto revela otro impulso: volver a un pasado arrebatado, hurgar en la infancia y tratar de encontrar una forma de redención. A su alrededor convoca a personas decisivas de su vida, sin saber que todas llegan también con fisuras propias.
Teatro inmersivo que cambia según el camino
Uno de los mayores atractivos de La fiesta está en su dispositivo escénico. La obra se plantea como una experiencia inmersiva en la que cada persona atraviesa la casa desde distintos espacios, entre ellos salón, cocina, oficina, baño y vestíbulo. Eso significa que no todos ven lo mismo ni en el mismo orden. Cada ruta sigue a personajes diferentes, como si el público se volviera cómplice accidental de confesiones, silencios y tensiones que normalmente quedarían fuera de cuadro.
Ese diseño no es un adorno de moda. Funciona porque refuerza la idea central de la obra: una misma historia nunca se vive igual desde todos los ángulos. En tiempos de relatos fragmentados, versiones cruzadas y memorias incompletas, la propuesta de Bárbara Colio conecta con una sensibilidad muy contemporánea. Aquí nadie recibe la verdad cerrada; cada espectador reconstruye la noche con lo que ve, lo que oye y lo que intuye.
La infancia como territorio de rescate
La pregunta que sobrevuela la función no es menor: ¿hasta dónde podríamos llegar para salvar a la niña o al niño que fuimos? Esa línea apunta al núcleo emocional del montaje. La fiesta no parece interesada en la nostalgia cómoda, sino en ese regreso más incómodo a los momentos que marcan, deforman o persiguen la vida adulta.
Por eso la casa no opera sólo como locación. Se vuelve memoria materializada. Cada habitación sugiere que el pasado no está enterrado del todo, sino repartido en objetos, rincones, conversaciones pendientes y secretos que resisten el paso del tiempo. La experiencia de recorrer cuartos distintos convierte al espectador en testigo de esas capas, casi como si avanzara dentro de la cabeza de Emma y de quienes la rodean.
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Un montaje con elenco sólido y trayectoria detrás
La producción reúne a Karina Gidi, Claudia Ríos, Andrés Weiss, Mahalat Sánchez, Jacobo Lieberman, Sheila Flores, Federico Di Lorenzo, María De Villa y David Barrera Bautista. A ello se suma un equipo creativo amplio en escenografía, iluminación, vestuario, videomapping y diseño sonoro, lo que sugiere una apuesta cuidada por la experiencia espacial y sensorial, algo clave en un montaje que depende del tránsito del público dentro de la casa.
También pesa el historial de la compañía. Barcodrama ya ha llevado a escena otros textos de Bárbara Colio, como Cuerdas, Julieta tiene la culpa y Marina & Isabel, obras que han seguido circulando en distintos países. En ese contexto, La fiesta aparece no como experimento aislado, sino como parte de una línea de trabajo donde la escritura dramática y la exploración emocional tienen continuidad.
Lo que hay que saber antes de entrar
La experiencia no está pensada como una función convencional. El público debe considerar que quizá tendrá que desplazarse entre distintos puntos, subir escaleras o permanecer de pie por alrededor de 20 minutos. Incluso quienes asistan juntos podrían recorrer rutas diferentes y reunirse después en la fiesta final de Emma. Esa decisión convierte cada función en una experiencia parcialmente irrepetible: dos personas pueden salir hablando de la misma obra, pero haber visto escenas, gestos y revelaciones distintas.
Además, la producción ofrece descuentos para quienes regresen a recorrer otro espacio, una señal clara de que el montaje está construido para ser revisitado. No es un dato menor. En una cartelera saturada de estrenos veloces, La fiesta apuesta por algo más ambicioso: que el público vuelva, compare versiones y descubra cómo cambian los sentidos cuando se abre otra puerta.
Una apuesta poco común en la cartelera de abril
La temporada se realizará en Un Teatro, en Avenida Nuevo León 46, Condesa, con funciones los viernes a las 20:30 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00. La obra está dirigida a público de 15 años en adelante, dura 100 minutos y el boleto general es de 600 pesos. Además, la producción fue realizada con el estímulo fiscal EFIARTES y el texto fue escrito en 2023 por Bárbara Colio con apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
En una ciudad donde buena parte de la conversación cultural gira alrededor de experiencias que prometen interacción, La fiesta parece entender que la inmersión no sirve de mucho sin una historia que sostenga el recorrido. Aquí la promesa no es sólo moverse por una casa ajena, sino acercarse a personajes quebrados, escuchar lo que no se dice a plena luz y salir con la sensación de que cada celebración grande también puede esconder un cuarto cerrado.
