La IA también impulsa a las tienditas

Tec y MIT abren en México un laboratorio para llevar IA, datos y logística a tienditas, misceláneas y microrestaurantes.

La tiendita de la esquina también forma parte de la conversación sobre inteligencia artificial. No desde la lógica de los grandes corporativos ni de los laboratorios lejanos, sino desde un problema cotidiano: cómo vender mejor, comprar a tiempo, no quedarse sin producto, evitar pérdidas y sobrevivir en un mercado cada vez más competido.

Con ese punto de partida, el Tecnológico de Monterrey y el Instituto Tecnológico de Massachusetts inauguraron en el Campus Monterrey la sede permanente del MIT Low Income Firms Transformation Lab, conocido como LIFT Lab. La apertura convierte al Tec en el principal ecosistema de investigación y despliegue del laboratorio en América Latina.

La apuesta no es menor. El proyecto busca usar inteligencia artificial, ciencia de datos, logística y herramientas de gestión para fortalecer a las llamadas nanostores: tienditas, misceláneas, pequeños comercios y microrestaurantes que sostienen buena parte del consumo cotidiano en México y la región.

El pequeño comercio, en el centro

En México existen más de 1.1 millones de unidades económicas de abarrotes. Estos negocios distribuyen cerca del 40% de los abarrotes del país y, en muchos casos, funcionan como la fuente principal de ingresos para familias completas. Según la información presentada durante el lanzamiento, 84% de estas unidades opera bajo jefaturas familiares.

La paradoja es evidente. Mientras grandes cadenas y plataformas afinan sus inventarios con datos en tiempo real, modelos predictivos y sistemas logísticos avanzados, millones de micronegocios siguen tomando decisiones con libretas, memoria, intuición y experiencia acumulada.

Esa experiencia tiene valor, pero no siempre alcanza para enfrentar márgenes estrechos, cambios de precios, variaciones en la demanda, presión de proveedores, competencia de tiendas de conveniencia y costos de reparto. A esto se suma una tasa de mortalidad superior al 30% durante los primeros cinco años de operación.

El nuevo laboratorio busca intervenir justo en ese punto: no reemplazar al tendero, sino darle herramientas para competir con más información.

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IA para inventarios, precios y logística

El LIFT Lab desarrolla soluciones pensadas para la base de la pirámide económica. Entre ellas se incluyen algoritmos de precios, herramientas para gestión de inventarios y modelos de logística de última milla diseñados para negocios pequeños, no para corporaciones con grandes áreas de tecnología.

En la práctica, esto puede significar sistemas capaces de ayudar a decidir qué productos conviene reponer, cuándo comprar, cómo reducir faltantes, qué artículos se mueven más por temporada o cómo mejorar la relación con proveedores.

También implica traducir la inteligencia artificial a entornos donde no siempre hay infraestructura digital, capacitación técnica o tiempo disponible para adoptar sistemas complejos. Por eso, el reto no consiste sólo en crear tecnología, sino en diseñarla para el contexto real de quienes atienden un negocio desde temprano hasta la noche.

Brecha que la investigación no veía

Para Josué C. Velázquez Martínez, director del TEC LIFT Lab y fundador del MIT LIFT Lab, el proyecto nació al observar una desconexión profunda entre el tipo de empresas que más estudian las instituciones educativas y la realidad económica de países como México.

El investigador ha señalado que buena parte del conocimiento sobre gestión, operaciones y cadenas de suministro se aplica en grandes corporaciones, aunque los micronegocios representan más del 90% de la actividad económica en países en desarrollo.

El laboratorio busca cerrar esa brecha. Su enfoque parte de una pregunta concreta: ¿qué ocurre si las herramientas más avanzadas de análisis, logística e inteligencia artificial se diseñan desde el inicio para pequeños negocios que venden comida, abarrotes o productos básicos?

La respuesta del Tec y el MIT apunta hacia una investigación aplicada, con trabajo de campo, datos reales y soluciones que puedan probarse en comercios existentes.

Trabajo que ya llegó a miles de negocios

La colaboración entre el Tec y el MIT no empieza desde cero. En 2023, más de 1,000 estudiantes y 20 profesores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tec, provenientes de 13 campus, participaron en proyectos de investigación y trabajo de campo con metodología del LIFT Lab.

Ese esfuerzo generó información e impacto en cerca de 15,000 nanostores mexicanas. Además, durante esta edición del MIT LIFT Lab Research Fest, estudiantes de 12 campus presentaron 19 proyectos seleccionados entre más de 2,000 participantes.

La cifra muestra otro componente del proyecto: el laboratorio también funciona como plataforma de formación para estudiantes e investigadores que buscan resolver problemas sociales desde la ingeniería, la analítica y la logística.

Investigación con impacto social

Durante el lanzamiento, Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tec de Monterrey, planteó que contar con el LIFT Lab de forma permanente representa un hito dentro de la visión de investigación aplicada de la institución.

El mensaje central fue claro: la investigación universitaria no debe quedarse en publicaciones o prototipos, sino convertirse en herramientas que mejoren condiciones concretas de vida y trabajo.

En el mismo encuentro, Matthias Winkenbach, investigador senior y director de Investigación en el MIT Center for Transportation & Logistics, destacó que el laboratorio tiene potencial para modificar la operación de un sector relevante de la economía y mejorar la vida de personas vinculadas a empresas de bajos ingresos.

La sede mexicana del LIFT Lab se integra a una red que opera en 10 países de América Latina, con más de 20 universidades socias. Desde Monterrey, el proyecto buscará acelerar soluciones para pequeños comercios de México, América Latina y el Caribe.

Más que digitalizar una caja registradora

El desafío va más allá de poner una aplicación en el celular de quien atiende una tienda. Digitalizar una nanostore implica entender sus rutinas, sus limitaciones de capital, la relación con proveedores, el flujo de efectivo, los hábitos de los clientes y la presión que representa tomar decisiones todos los días con poco margen de error.

Por eso, el valor del laboratorio dependerá de su capacidad para convertir investigación compleja en herramientas simples, útiles y sostenibles. Una solución demasiado sofisticada puede fracasar si no se adapta al ritmo real de una tiendita.

La oportunidad, sin embargo, es amplia. Si la inteligencia artificial ayuda a reducir pérdidas, mejorar compras, anticipar demanda y fortalecer cadenas de suministro locales, el impacto puede sentirse no sólo en los negocios, sino también en las familias que dependen de ellos y en las comunidades que todavía encuentran en la tienda de la esquina un punto de abastecimiento, crédito informal y convivencia.

La tecnología también empieza en el barrio

La llegada del LIFT Lab a México coloca sobre la mesa una discusión necesaria: la inteligencia artificial no tendría que beneficiar únicamente a empresas con grandes presupuestos tecnológicos. También puede servir para que un pequeño negocio entienda mejor sus ventas, administre su inventario y tenga más posibilidades de sobrevivir.

En un país donde la economía de barrio sigue siendo esencial, llevar datos, logística e investigación aplicada a las tienditas puede ser una forma concreta de reducir desigualdades productivas.

La promesa no está en presentar a la inteligencia artificial como solución mágica, sino en usarla como una herramienta práctica. Una que, bien diseñada, podría ayudar a que miles de negocios familiares dejen de operar a ciegas y tomen mejores decisiones sin perder su esencia: la cercanía, la confianza y el papel comunitario que ninguna plataforma ha logrado sustituir.