Sondeo de VESTIGA Consultores revela pesimismo empresarial en medio de bajo crecimiento, presión fiscal y tensión comercial.
El ánimo empresarial se enfría
La confianza de quienes toman decisiones en las empresas mexicanas atraviesa una zona de alerta. De acuerdo con el más reciente Monitoreo de Percepciones Empresariales de VESTIGA Consultores, 81% de los principales tomadores de decisión considera que el rumbo actual del país es “mucho” o “más o menos” incorrecto.
El dato no llega aislado. El mismo ejercicio revela que casi 90% de los consultados percibe condiciones “nada” o “poco” favorables para crear, desarrollar o expandir actividades empresariales en México. En otras palabras: el problema no sólo está en cómo ven el presente, sino en qué tan viable consideran apostar capital, abrir operaciones, contratar más personal o crecer en los próximos años.
El levantamiento se realizó entre el 6 y el 28 de abril de 2026, mediante encuesta telefónica a accionistas principales y directores generales de 895 empresas pequeñas, medianas y grandes. El marco de referencia fue el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del INEGI, actualizado a 2025, con un margen de error mínimo de +/- 4.20% y nivel de confianza de 95%.
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Menos confianza, menos inversión
La desconfianza empresarial suele tener consecuencias concretas: proyectos que se posponen, contrataciones que se congelan, expansión que se calcula dos veces y decisiones de inversión que se trasladan a otros mercados. Por eso, aunque una encuesta de percepción no equivale a una medición directa de inversión, sí ayuda a entender el clima en el que las empresas deciden si arriesgan o se protegen.
Sergio Díaz, socio director de VESTIGA Consultores, advierte que México necesita una relación más coordinada entre gobierno y empresas para crear condiciones que alienten la actividad productiva. Su lectura apunta a un punto central: no puede irle bien a la economía si a las empresas les va mal, porque el empleo, la recaudación, el consumo y la inversión dependen de ese engranaje.
La frase cobra más peso en un momento en que la economía mexicana muestra señales de enfriamiento. Durante el primer trimestre de 2026, el PIB de México se contrajo 0.6% frente al trimestre previo, aunque el resultado fue menos negativo de lo que algunos analistas esperaban. La caída alcanzó a actividades primarias, secundarias y de servicios, lo que confirma que el freno no se concentra en un sólo sector.
El T-MEC agrega presión al tablero
Uno de los puntos más sensibles para el empresariado es la revisión del T-MEC. El monitoreo de VESTIGA Consultores muestra una percepción dividida: 53% de los encuestados confía en que las negociaciones entre México, Estados Unidos y Canadá terminarán con un resultado razonablemente positivo para el país.
La cifra parece moderadamente optimista, pero convive con otro dato más áspero: 54% declara tener “poca” o “nada” de confianza en que el gobierno federal tenga control de la situación económica, política, social y de seguridad pública y nacional.
Ese contraste resume una parte del dilema mexicano. El país mantiene ventajas estructurales importantes: ubicación geográfica, integración manufacturera con Norteamérica, red de tratados comerciales y una base industrial relevante. Pero esas ventajas no sustituyen la certeza jurídica, la seguridad, la infraestructura, la energía suficiente y reglas claras para invertir.
Diversificar no basta, pero ayuda
En paralelo, México acaba de cerrar un acuerdo actualizado con la Unión Europea, una señal importante en un contexto de tensiones comerciales y dependencia del mercado estadounidense. La modernización del tratado busca ampliar el intercambio de bienes, servicios, inversión, comercio digital y compras públicas.
La apuesta puede ayudar a diversificar mercados, pero no elimina el peso decisivo de Norteamérica. Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de México y la revisión del T-MEC marcará el tono de muchas decisiones industriales durante los próximos meses. Para empresas exportadoras, fabricantes de autopartes, firmas de logística, proveedores tecnológicos y cadenas de suministro, la palabra clave sigue siendo certidumbre.
El acuerdo con Europa abre una ventana, pero el motor principal de la economía mexicana continúa conectado al desempeño de Estados Unidos y a la estabilidad de las reglas regionales.
La calificación soberana también pesa
El clima de cautela empresarial coincide con otra señal relevante: Moody’s recortó la calificación soberana de México a Baa3, el escalón más bajo dentro del grado de inversión, aunque mantuvo la perspectiva estable. La decisión se relaciona con presiones fiscales, bajo crecimiento y el peso financiero que sigue representando Pemex para el Estado mexicano.
Para los ciudadanos, estas calificaciones pueden sonar lejanas. Para las empresas, no tanto. La nota soberana influye en la percepción de riesgo del país, en el costo del financiamiento y en el apetito de inversionistas que evalúan si México ofrece una relación aceptable entre oportunidad y riesgo.
La perspectiva estable evita una lectura de crisis inmediata, pero el recorte confirma que el margen fiscal se estrecha. Y cuando el gobierno tiene menos espacio para maniobrar, las empresas suelen anticipar un entorno más rígido: menos estímulos, más presión recaudatoria o menor capacidad de respuesta ante choques externos.
La confianza como infraestructura invisible
México suele discutir la infraestructura en términos de carreteras, puertos, trenes, aeropuertos o parques industriales. Pero hay otra infraestructura menos visible y igual de decisiva: la confianza.
Sin confianza, el nearshoring pierde velocidad. Sin confianza, una planta nueva puede quedarse en presentación de PowerPoint. Sin confianza, una empresa mediana prefiere no contratar, no endeudarse y no abrir una segunda unidad. Sin confianza, el talento se mueve, el capital espera y el crecimiento se vuelve defensivo.
El monitoreo de VESTIGA Consultores no dice que la economía mexicana esté detenida, pero sí muestra que una parte importante de quienes toman decisiones empresariales mira el entorno con cautela. La mitad de los encuestados se declara “mucho” o “más o menos” optimista de que la situación mejore en los próximos cinco años; la otra mitad no comparte esa expectativa.
Esa división importa porque México no compite sólo con sus propios pendientes. También compite con otros países que buscan atraer fábricas, centros logísticos, servicios digitales, inversión energética y talento. En esa carrera, la confianza no es adorno: es una condición mínima para que el capital se mueva.
El reto: convertir estabilidad en decisiones
México conserva fortalezas reales. Tiene una economía grande, diversificada y profundamente integrada a América del Norte. También cuenta con oportunidades en manufactura avanzada, electromovilidad, logística, servicios, comercio digital y cadenas de suministro regionales.
Pero el mensaje empresarial es claro: esas ventajas necesitan un entorno más predecible. Para que la inversión se active, no basta con decir que México tiene potencial. Las empresas necesitan seguridad, reglas estables, energía disponible, trámites razonables, infraestructura funcional y señales públicas que reduzcan el costo de la incertidumbre.
El pesimismo empresarial no siempre se traduce en fuga inmediata de capital, pero sí puede convertirse en una economía que crece por debajo de sus posibilidades. Y ese es quizá el mayor riesgo: que México tenga oportunidades enfrente, pero no genere suficiente confianza para aprovecharlas.
