Más de 80 % de las empresas no prevé contratar este año; economía débil, costos laborales e inseguridad frenan el apetito laboral.
El empleo entra en modo pausa
El mercado laboral mexicano enfrenta una señal de alerta que viene directamente desde las empresas: más del 80 % de las compañías que operan en México considera “poco” o “nada” probable generar nuevos puestos de trabajo en lo que resta del año.
El dato forma parte de la más reciente entrega del Monitoreo de Percepciones Empresariales de Vestiga Consultores, firma mexicana especializada en manejo de riesgos, seguridad corporativa, investigaciones y ciberseguridad. El estudio recoge la opinión de accionistas principales y directores generales de 916 empresas pequeñas, medianas y grandes en México.
La lectura no apunta a un simple episodio de cautela. Menos de uno de cada diez tomadores de decisión percibe condiciones más favorables para contratar en 2026 que en 2025. En otras palabras: para buena parte del sector empresarial, el entorno no mejora; se deteriora.
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Tres frenos: economía, costos e inseguridad
De acuerdo con Sergio Díaz, socio director de Vestiga, el bajo apetito por contratar responde a factores de difícil solución inmediata.
“Es evidente no sólo el clima poco favorable para que las empresas operando en el país decidan contratar nuevo personal, sino que, además, los factores que explican ese bajo apetito por el empleo se antojan de muy compleja solución. Los tres factores más mencionados por los tomadores de decisión son la mala situación de la economía, el alto costo laboral y la inseguridad. En esos tres frentes, al menos en el contexto actual, el margen de maniobra para una rápida mejora es muy angosto, casi nulo”.
El diagnóstico de las empresas coloca a la economía como el principal obstáculo: 67 % la menciona como factor que limita la contratación. Le sigue el alto costo laboral, con 63 %, y la inseguridad, con 58 %.
El problema de fondo es que estos tres factores no operan por separado. Una economía débil reduce ventas; los costos laborales presionan márgenes; la inseguridad encarece operaciones, logística, seguros, protección y decisiones de expansión. Para una empresa grande, esto puede significar posponer inversiones. Para una pequeña, puede marcar la diferencia entre contratar, mantenerse igual o recortar.
Salarios al alza, productividad estancada
Uno de los puntos más sensibles del monitoreo es la percepción sobre el costo laboral. Apenas 15 % de los tomadores de decisión considera sostenible mantener incrementos salariales por encima de la inflación. Más de 70 % opina lo contrario.
El dato llega después de varios años de aumentos relevantes al salario mínimo. Entre 2019 y 2025, de acuerdo con el análisis citado por Vestiga, la inflación acumulada fue de 35 %, el crecimiento promedio del PIB fue de 0.7 % y el salario mínimo aumentó 170 %.
La discusión no es menor. El aumento salarial ayudó a corregir parte del rezago del poder adquisitivo, especialmente entre trabajadores de menores ingresos. Sin embargo, las empresas advierten que sostener alzas muy superiores a la inflación en un contexto de baja productividad, ventas presionadas y escaso crecimiento puede terminar dañando la creación de empleo formal.
Sergio Díaz lo plantea sin rodeos: “Si bien pudo ser necesario corregir el fuerte rezago del poder adquisitivo del salario de los trabajadores, mantener alzas salariales muy por encima de la inflación en un contexto de bajas ventas y productividad laboral estancada será un tiro por la culata con efectos devastadores para el empleo”.
La economía tampoco ayuda
El contexto macroeconómico refuerza la preocupación empresarial. La estimación oportuna del INEGI para el primer trimestre de 2026 mostró una caída trimestral de 0.8 % en el PIB. Las actividades primarias bajaron 1.4 %, las secundarias 1.1 % y las terciarias 0.6 %.
Aunque el empleo formal afiliado al IMSS todavía muestra crecimiento en el acumulado del año, el ritmo luce limitado frente a las necesidades del mercado laboral. Al cierre de abril de 2026, el IMSS reportó 22,589,124 puestos de trabajo afiliados y un aumento anual de 171,456 plazas respecto a abril de 2025. Es una cifra positiva, pero insuficiente para disipar la preocupación sobre la capacidad del país para absorber a quienes buscan un empleo formal.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI también muestra un mercado con tensiones. En marzo de 2026, la población económicamente activa llegó a 61.6 millones de personas, la tasa de desocupación se ubicó en 2.4 % y la informalidad laboral alcanzó 54.8 %. Esta última cifra confirma uno de los mayores dilemas del país: el empleo existe, pero más de la mitad de las personas ocupadas trabaja en condiciones vulnerables, sin acceso pleno a seguridad social ni estabilidad.
Contratar se vuelve una apuesta riesgosa
Para muchas empresas, contratar ya no depende sólo de necesitar personal. También implica calcular si habrá ventas suficientes para sostener la nómina, si los costos laborales seguirán subiendo, si la inseguridad permitirá operar sin sobresaltos y si el entorno económico justificará ampliar capacidad.
Esa combinación explica por qué el pesimismo empresarial no se limita a las contrataciones inmediatas. El monitoreo de Vestiga indica que sólo una de cada tres empresas confía en que las condiciones para generar nuevo empleo mejoren en 2027.
El dato es relevante porque la contratación suele mirar hacia adelante. Una empresa no suma personal sólo por el presente, sino por la expectativa de crecer. Cuando esa expectativa se debilita, el primer reflejo es congelar vacantes, automatizar procesos, extender cargas de trabajo o recurrir a esquemas temporales.
El riesgo para el trabajador común
El impacto no se queda en los tableros de dirección. Para el ciudadano común, un menor apetito empresarial por contratar puede traducirse en menos vacantes formales, procesos de selección más competidos, salarios de entrada más presionados y mayor dependencia de trabajos informales.
También puede aumentar la rotación silenciosa: empresas que no despiden masivamente, pero tampoco reemplazan vacantes; negocios que distribuyen más tareas entre menos personas; o empleadores que posponen nuevas sucursales, líneas de producción o proyectos por falta de certeza.
El riesgo mayor es que México quede atrapado en una contradicción: salarios mínimos más altos, pero menos capacidad de generar empleos formales suficientes para quienes buscan incorporarse al mercado laboral.
Una alerta que exige respuesta integral
El monitoreo de Vestiga no plantea que el salario deba perder poder adquisitivo ni que las empresas queden exentas de mejorar condiciones laborales. Lo que exhibe es una tensión creciente entre política salarial, productividad, seguridad y crecimiento económico.
Para que las empresas vuelvan a contratar con mayor confianza, no basta con pedir optimismo. El país necesita crecimiento sostenido, menor incertidumbre, reglas claras, seguridad pública efectiva y una estrategia que conecte mejores salarios con productividad real.
De lo contrario, el costo de la cautela empresarial lo pagarán quienes buscan su primer empleo, quienes quieren salir de la informalidad y quienes dependen de que una empresa decida abrir una vacante más.
