María Izquierdo sale de la alacena

La Alacena regresa al Teatro La Capilla con un unipersonal sobre memoria, humor y resistencia femenina.

Una pintora vuelve desde el limbo

Hay artistas cuya historia no cabe completa en una sala de museo. Sus cuadros dicen mucho, pero no siempre alcanzan para contar las heridas, las renuncias, los amores, la rabia, el humor y las batallas íntimas que sostuvieron una vida creativa. María Izquierdo pertenece a esa estirpe: una pintora decisiva del arte mexicano del siglo XX, pero también una mujer que tuvo que abrirse paso en un mundo donde el reconocimiento artístico solía tener nombre masculino.

Esa tensión regresa al escenario con el reestreno de La Alacena: documental miniatura de María Izquierdo, una obra escrita y dirigida por Tanya Huntington, que se presentará del 9 de mayo al 13 de junio en la Sala Novo del Teatro La Capilla.

La puesta en escena propone una entrada íntima a la vida y obra de la pintora jalisciense, no desde la solemnidad biográfica, sino desde un territorio más libre: un limbo atemporal donde los objetos, las voces, la luz y el cuerpo reconstruyen una memoria fragmentada.

Un documental en miniatura

El título no es casual. La Alacena funciona como un pequeño archivo escénico. Ahí se guardan recuerdos, utensilios, telas, fantasmas y fragmentos de una vida que se reordena frente al público. La obra sigue una progresión cronológica, pero la rompe constantemente para construir una narrativa más cercana a la memoria que al expediente.

El montaje se define como un “documental miniatura” porque no busca levantar una biografía monumental, sino condensar una existencia en signos concretos: una voz, un rebozo, una luz que cambia, una pista de audio, un objeto que deja de ser utilería y se convierte en mundo.

En escena, la alacena no es únicamente un mueble. Es refugio, archivo, encierro y caja de resonancia. Desde ahí, María Izquierdo parece hablar con sus distintas edades y contradicciones: la niña, la esposa, la madre, la pintora, la amante, la revolucionaria y la paciente.

El rebozo como cuerpo múltiple

Uno de los elementos centrales del montaje es el rebozo. La obra lo utiliza como objeto mutable, capaz de transformarse según la etapa vital que atraviesa el personaje. Puede ser abrigo, carga, vínculo, frontera o extensión del cuerpo.

Esa decisión escénica dialoga con el universo pictórico de María Izquierdo, una artista que trabajó naturalezas muertas, retratos, escenas de circo, paisajes, maternidades y atmósferas cargadas de símbolos. Su pintura recurrió a colores intensos, objetos cotidianos y composiciones donde lo íntimo podía adquirir una fuerza inquietante.

La utilería, por tanto, no acompaña la historia como adorno. La empuja. Cada pieza funciona como una llave para abrir una etapa, un recuerdo o una herida. En lugar de explicar la pintura de Izquierdo desde la teoría, la obra la traduce al lenguaje del cuerpo y de los objetos.

Voces que entran a escena

Aunque se trata de un unipersonal, La Alacena construye un elenco sonoro que amplía el mundo de la protagonista. A través de voces en off, aparecen figuras que marcaron su vida y su contexto artístico.

Entre esas presencias están el teniente Posadas, interpretado por Esteban Castellanos; Diego Rivera, con voz de Tomás Garcías; Antonin Artaud, interpretado por Adrian Ollé-Laprune, y Rufino Tamayo, con voz de Hernán Bravo Varela.

La decisión permite que María Izquierdo no permanezca sola en escena, aunque el cuerpo visible sea uno. Las voces funcionan como memoria, juicio, deseo, conflicto y compañía espectral. Desde el limbo, dialogan con la artista y ayudan a reconstruir el peso de las relaciones personales, intelectuales y artísticas que atravesaron su vida.

María Izquierdo, más allá del muralismo

Nacida en San Juan de los Lagos, Jalisco, en 1902, María Izquierdo estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y tuvo su primera exposición individual en la Ciudad de México en 1929. Poco después presentó su obra en el Arts Center de Nueva York, un paso fundamental para una artista mexicana de su época.

Su trayectoria se desarrolló en un periodo dominado por grandes nombres del muralismo y por una idea de arte nacional asociada, muchas veces, a narrativas monumentales, épicas y masculinas. Frente a ese escenario, Izquierdo construyó una voz propia desde lo íntimo, lo popular, lo onírico y lo simbólico.

Su obra no fue menor ni lateral. Fue una forma distinta de mirar México. En sus cuadros aparecen mujeres, interiores, juguetes, altares, caballos, frutas, circos y paisajes que no buscan ilustrar una consigna, sino explorar zonas emocionales y culturales más ambiguas.

Esa singularidad también explica por qué su figura sigue resultando vigente. María Izquierdo no sólo pintó; también defendió su derecho a ocupar un lugar en un campo artístico que no siempre estuvo dispuesto a abrirle paso.

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Humor frente a la adversidad

La obra no presenta a María Izquierdo únicamente desde el dolor. Uno de sus aciertos está en rescatar el sentido del humor y el espíritu indomable de la artista como herramientas frente a la adversidad.

Esa elección evita convertirla en una figura congelada por la tragedia. La puesta en escena reconoce la enfermedad, la misoginia estructural, los desencantos y los obstáculos, pero también da espacio a la risa, la ironía, el deseo y la vitalidad.

La interpretación de Adriana Moles resulta clave en esa amplitud emocional. Su trabajo transita entre zonas luminosas y oscuras, con una presencia física marcada por su formación en circo y cabaret. Esa mezcla permite que el personaje no se reduzca a una voz solemne, sino que se mueva, se fracture, juegue y resista.

El cuerpo como archivo

En La Alacena, el cuerpo de Adriana Moles carga buena parte de la dramaturgia. No sólo dice: recuerda, dobla, sostiene, se transforma y responde a las voces que llegan desde el audio. Su interpretación coloca a María Izquierdo en un lugar vivo, lejos del retrato inmóvil.

El montaje combina teatro físico, humor, memoria documental y una visualidad construida con pocos elementos, pero de fuerte carga simbólica. En ese sentido, la palabra “miniatura” no implica pequeñez artística, sino concentración. La obra parece apostar por una escala cercana, casi doméstica, para mirar una vida enorme.

La iluminación y el diseño sonoro ayudan a marcar esas transiciones. Cambian los tiempos, los estados internos y las presencias invisibles que rodean a la protagonista. Así, el escenario se vuelve una habitación mental donde la artista revisa su propia historia.

Un equipo creativo de varias disciplinas

El equipo creativo está encabezado por Tanya Huntington, autora y directora de la obra, y por Adriana Moles, quien sostiene el unipersonal. También participa el artista circense Pepe Malabartínez, cuya presencia refuerza la dimensión física y performática del montaje.

La producción de audio está a cargo de Tania Negrete. El diseño de audio corresponde a Miguel Hernández y Adolfo Cortés. El diseño de iluminación es de Esteban Castellanos y Alma Curiel. La utilería fue diseñada y realizada por Lü Yiurama, mientras que la gestión y promoción están a cargo de Janett Landín.

La suma de disciplinas explica el carácter híbrido de la puesta en escena. No se trata de una biografía teatral convencional, sino de una pieza que cruza documento, objeto, voz, cuerpo y memoria visual.

Una cita con la memoria artística

El reestreno de La Alacena: documental miniatura de María Izquierdo llega en un momento en que las escenas culturales vuelven con fuerza sobre figuras femeninas que durante años quedaron opacadas por relatos oficiales más estrechos.

La obra no pretende sustituir al museo ni a la investigación histórica. Su apuesta es otra: colocar a María Izquierdo frente al público como presencia emocional, como cuerpo herido y burlón, como artista que todavía interroga la forma en que se construyen los prestigios, los silencios y las exclusiones.

La temporada se presentará del 9 de mayo al 13 de junio, los sábados a las 18:00 horas, en la Sala Novo del Teatro La Capilla. La entrada general tiene un costo de $300.00 pesos.

En tiempos en que la memoria cultural suele reducirse a efemérides, La Alacena propone algo más cercano: abrir una puerta pequeña para escuchar a una artista inmensa.